Los San Patricios

No obstante su valor, varios de los San Patricios fueron capturados por la milicia estadunidense y tratados como traidores.

Hace algunos días —el 17 de marzo— se conmemoró al santo patrono de Irlanda, San Patricio, ocasión propicia para recordar la historia poco conocida del llamado Batallón de San Patricio. Se trata de una unidad militar compuesta por extranjeros europeos, en su mayoría irlandeses y alemanes, que lucharon de la mano del Ejército mexicano en la intervención estadunidense de 1846 y 1847.

Existen diversas versiones de aquel episodio, pero en esta columna contaremos la versión heroica y patriótica del batallón. Corría la mitad del siglo XIX, cuando a raíz de las políticas expansionistas de nuestro vecino del norte y bajo pretexto de defender la independencia de Texas, su presidente, James Polk, decidió invadir México.

Dentro de ese ejército estadunidense existía una unidad militar compuesta por europeos que habían emigrado a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades, pero viendo la injusticia que se les ordenaba hacer —como es ocupar un país para apropiarse de sus tierras y recursos— empezando por un joven de nombre John O’Riley, decidieron pasarse del lado mexicano —que además era católico como ellos— y defender a nuestra gran nación de la política imperialista.

La primera ofensiva que el Batallón de San Patricio —también conocido como los San Patricios— luchó de nuestro bando fue en Monterrey en septiembre de 1846, en la que después de tres días de refriega, se llegó a un armisticio entre las dos fuerzas. También, representaron un papel relevante en la Batalla de Angostura, en Coahuila, el 22 de febrero de 1847, en la que Santa Anna llevó a cabo algunas controvertidas acciones al retirarse, aun cuando parecía tener la victoria en la bolsa.

El fin del Batallón de San Patricio se dio durante la batalla de Churubusco, en agosto de 1847, cuando después de una intensa defensa del Ejército mexicano, cayó el ahora Museo Nacional de las Intervenciones, tras lo cual el general David Twiggs, quien encabezaba a las fuerzas estadunidenses, le preguntó al general Pedro María Anaya sobre las municiones y armamento de los vencidos, obteniendo como respuesta la célebre frase de que “si hubiera parque, no estaría usted aquí”.

No obstante su valor y coraje en la defensa del Convento de Santa María de Churubusco, varios de los San Patricios fueron capturados por la milicia estadunidense y tratados como traidores, severamente castigados y posteriormente ahorcados precisamente en San Jacinto, en la Ciudad de México, mientras ese ejército izaba su bandera en territorio mexicano. En esta plaza cercana a San Ángel es donde hoy el Batallón de San Patricio es recordado con una placa conmemorativa. Los restos de los soldados extranjeros fueron enterrados en diversos lugares de la ciudad, como la ahora iglesia de Tlacopac, donde existe una cruz céltica en su honor.

Tal parece que algunos de los miembros de este batallón que pudieron escapar con el tiempo lograron camuflarse entre la población de nuestro país y ahora sus descendientes son mexicanos hechos y derechos.

Winston Churchill dijo que “construir puede ser la tarea lenta y laboriosa de años; destruir puede ser el acto irreflexivo de un solo día”. Recordar nuestra historia nos enseña cuánto ha costado llegar a lo que hoy somos como país, y lo fácil que puede ser deshacerlo.

*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana

X: @ralexandermp

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