La trampa de Tucídides

Todo indica que durante la próxima década la economía de China superará a la de Estados Unidos

Fue Winston Churchill, quien dijo que “cuanto más atrás puedas mirar, más adelante verás”, y es que si algo nos enseña la historia, es que podemos anticipar hechos futuros si conocemos y entendemos el pasado.

Basado en las enseñanzas de Tucídides, historiador y general griego, en torno a la Guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas, Graham T. Allison, profesor de la Universidad de Harvard, desarrolló una teoría que llamó la Trampa de Tucídides, que refiere que cada vez que una nueva gran potencia emerge, reta a la establecida, generando un campo fértil para que estalle una guerra. Para ello, Allison analizó los 16 casos de los últimos 500 años en donde —según su metodología— se dio el ascenso de una nación sobre un país dominante. En 12 de ellos, hubo un conflicto bélico.

Y es que es intuitivo. Por un lado, cualquier estado siempre se sentirá amenazado por otro que lo está alcanzando —económica, política o militarmente—, y por el otro, el que está en ascenso querrá demostrar su poderío.

En el mundo de las súper potencias, todo indica que durante la próxima década la economía de China superará a la de Estados Unidos y eso, eventualmente, generará un cambio de administrador del sistema. Por eso no sorprende que, desde hace años, el dragón asiático ha estado picándole la cresta a nuestro país vecino con temas como el espionaje cibernético, Corea del Norte, mayor presencia en el Pacífico y su anunciado dominio en el Mar de China Meridional. Incluso ahora impulsa una nueva moneda digital que, entre otros propósitos, busca desplazar al dólar como medio de pago y reserva mundial.

Desde hace meses, las tensiones han seguido subiendo en temas comerciales y la imposición de tarifas recíprocas. Tampoco aporta a bajar la presión las acusaciones que Estados Unidos ha hecho a China en torno al origen del coronavirus ni las sanciones que ha impuesto a funcionarios y empresas de ese país por presuntas violaciones de derechos humanos, robo de secretos industriales y vulneración de la seguridad nacional estadunidense.

Para empeorar la situación, hace apenas unos días la administración Trump ordenó cerrar el consulado chino en Houston y China aplicó una medida recíproca.

Si bien ninguna potencia podría aspirar a mantenerse en el primer lugar por siempre, lo cierto es que China se empieza a percibir como un estado dinámico y con propósitos claros, a diferencia de un Estados Unidos que tiene a Donald Trump como presidente.

Bajo ese contexto, nuestro vecino del norte debería de tratar de ver el árbol en lugar de la rama, no caer en el juego chino de las provocaciones y buscar soluciones a largo plazo.

Aunque se perciba poco probable mientras Donald Trump esté en el poder, tal vez la única manera de que Estados Unidos conserve su poderío es materializando la vieja idea de una alianza norteamericana que vaya más allá de los acuerdos comerciales —como el que entró en vigor el pasado 1º de julio—, y por ello, México tiene una gran oportunidad.

Una política correcta para estrechar lazos y alianzas regionales con nuestro país y Canadá, podría potenciar la región, a la par que significaría un frente pacífico de cara al poderío del gigante asiático.

P.D. Un agradecimiento a todos los lectores de esta columna que hoy cumple su segundo aniversario.

                                                        

*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana.

 Twitter: @ralexandermp

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