Golpe de timón
En el último año, México ha dejado de ser el sexto destino más visitado del mundo

Ricardo Alexander Márquez
Disonancias
Todos los días por la mañana nos dicen que el barco va viento en popa, que hay buen tiempo y traemos una gran máquina que impulsa a nuestro gobierno, y muchas veces —incluso— lo creemos. El discurso es bueno y convincente. Uno de los elementos más importantes de ello es que parece que quien lo dice, firmemente piensa que es verdad.
Sin embargo, los hechos muestran otra cosa, aunque siempre tengan un pretexto para todo. ¿Que existe desabasto de medicinas en los hospitales públicos?, es culpa de laboratorios conservadores. ¿Que nuestra economía no crece?, no importa, porque hay más equidad y el dinero se distribuye mejor. ¿Que la violencia nunca había estado peor?, es por culpa de Genaro García Luna. Excepto en un par de ocasiones, nunca se ha escuchado “nos equivocamos, vamos a rectificar”.
En el fondo, parece que el nuevo gobierno tenía una idea equivocada de lo que es gobernar —el Presidente dice que es muy fácil— y se ha topado con un golpe de realidad del que no puede recuperarse. En gran medida, se percibe que nuestras autoridades ni siquiera entienden las consecuencias que tienen sus decisiones y no existe ningún sector o materia en la que puedan presumir —con verdad— que han tenido buenos resultados.
Estamos inmersos en un mundo un tanto surreal, donde ya no nos sorprende que el gobierno —que se dice— juarista tenga una Cartilla Moral que distribuye la iglesia cristiana o que una de las frases más emblemáticas del Presidente sea “abrazos, no balazos”, mientras se encuentran decenas de cuerpos desmembrados y embolsados todos los días.
En el último año, México ha dejado de ser el sexto destino más visitado del mundo. Salió del top 10 de los mercados más atractivos para invertir —según PWC—. El sector de la construcción se ha desplomado 9 por ciento. Tuvimos crecimiento cero en 2019. Cifra récord de homicidios. Eso, sólo por mencionar algunos datos.
En el exterior, nos empiezan a ver como un país del mismo grupo de la Venezuela de Nicolás Maduro o la Bolivia de Evo Morales, y parece que el Presidente no piensa dejar el territorio mexicano durante todo el sexenio, ni siquiera para promocionar a México o buscar inversiones.
En el interior, no se tiene certidumbre de nada. Todos los días nos enteremos de una nueva gracia. Que se liberó al hijo de Joaquín El Chapo Guzmán. Que el Seguro Popular ha sido sustituido por otro instituto que cobra por los servicios que antes eran gratuitos. Que el gobierno impuso en la CNDH a una ombudsperson a modo, en un proceso completamente irregular. Que los legisladores de Morena impulsan una reforma judicial que atenta contra la presunción de inocencia, y otra fiscal que busca poner en jaque a los empresarios que pagan impuestos.
El simple hecho de autodenominarse la Cuarta Transformación del país y compararse con la independencia, la reforma y la Revolución Mexicana, sin haber hecho absolutamente nada más que canalizar el odio y la frustración hacia los gobiernos anteriores, denota una sobrada e innecesaria arrogancia.
El presidente López Obrador todavía está a tiempo de dar un golpe de timón para no dejar varado a un México bastante vulnerable. Si no lo hace, su legado, que tanto le importa, será el de haberlo dejado en ruinas. Al final, claro que podemos estar peor que hace un año.
*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Panamericana.
Twitter: @ralexandermp