El gran fracaso de López Obrador

Hay una cifra negra de impunidad de más de 95%

El gobierno de López Obrador fue un fracaso en muchos sentidos. Nuestra economía simplemente flotó. El sistema de salud ha retrocedido varios años de forma alarmante y el desabasto de medicinas no se ha recuperado por las malas decisiones tomadas este sexenio, principalmente por Raquel Buenrostro cuando estuvo en la Secretaría de Hacienda. Ni siquiera se ha podido terminar el tren que busca conectar a Toluca con la Ciudad de México, ya no digamos el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas.

Sin embargo, el mayor fracaso del presidente López Obrador y de la Cuarta Transformación es la fallida estrategia en materia de seguridad, si es que se le puede llamar una estrategia. En el fondo es un capricho mal formulado por alguien que desconoce el tema y no sabe escuchar a los expertos.

El mandatario se burla de los muertos cuya sangre riega todos los días las calles de nuestro México. Simplemente la cifra de homicidios se sostiene y no se puede ver un punto de inflexión. Diariamente, más o menos, 80 familias pierden algún miembro. Y parece que a nadie le importa que hasta ahora casi 160 mil personas hayan sido asesinadas en cinco años, con lo que podemos llenar dos veces el Estadio Azteca.

El Presidente cambió a una Policía Federal que iba en vías de profesionalización por una Guardia Nacional que tiene 128 mil elementos y 250 cuarteles, pero cero resultados.

Todos sabemos que existen territorios enteros donde las autoridades de facto son las organizaciones criminales, no nos lo tiene que decir el gobierno de Estados Unidos. Incluso, los funcionarios electos democráticamente se tienen que ir a resguardar a los campos militares, como la alcaldesa de Tijuana.

Las masacres ocurren cada tercer día mientras el Presidente, al parecer en una realidad alterna –probablemente generada por el cansancio de sus juntas de las 6 a.m.–, dice que ya no existen en el país. Se ve que no le están informando bien.

Ejemplos, hay muchos. Pero por mencionar algunas masacres está la que se perpetró en contra de la familia LeBarón en Sonora, donde se asesinó a mujeres y niños, o la de San José de Gracia, Michoacán, donde los videos muestran el fusilamiento de una decena de personas y la posterior limpieza de la escena del crimen. Ni casquillos encontró la autoridad.

También ya vimos que nuestro Ejército y Marina no son suficientes –por incapacidad o por complicidad– y nada más administran al crimen organizado, pero lo dejan operar. Claramente por ahí tampoco es.

Lo peor es que después del gobierno de Peña Nieto parecía que ya habíamos tocado fondo. Ya vimos que la situación podía empeorar.

Y mientras todo este desastre ocurre, tenemos una cifra negra de impunidad de más de 95% de los delitos y a un fiscal general de la República que hace meses no aparece por ningún lado. Vaya cinismo.

Por eso, a un año de las elecciones de 2024, debería de ser prioritario para los posibles candidatos plantear qué van a hacer para que exista Estado de derecho en nuestro país y poder ponerle un alto a las organizaciones criminales, que son las que mandan en México.

¿Qué proponen Marcelo, Adán y Claudia? ¿Qué van a hacer, en caso de ganar, Enrique, Xóchitl o Santiago? No nos vayan a salir con una estupidez como “abrazos, no balazos”.

*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana

Twitter: @ralexandermp

Temas:

    X