Dime con quién te llevas
Hay cercanía con Cuba, donde —todo el mundo lo sabe— no existen los derechos humanos y no se ha celebrado una elección libre en 70 años.
“Dime con quién te llevas y te diré quién eres”, dicta el dicho popular, porque claro, las personas suelen asociarse con quienes sienten más afinidad, cercanía o incluso admiración. Lo mismo aplica para nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador, a quien, no obstante está rodeado de delincuentes y corruptos, algunos incautos le atribuyen un manto de santidad y pureza.
Dejando a un lado su círculo mexicano, el mandatario insiste en demostrarnos que quiere ser amigo de todos los miembros del lado oscuro de la fuerza. Si se trata de dictadores, violadores de derechos humanos o de los enemigos de la democracia, ahí tenemos a López Obrador extendiéndoles la mano para formar la liga de la injusticia.
No estamos describiendo una actitud nueva o única, sino que se ha dado en prácticamente todas las manifestaciones latinoamericanas de autocracia.
Cuando Evo Morales anunció su renuncia, poco después de que las Fuerzas Armadas de Bolivia sugirieran al mandatario que diera un paso al lado para desbloquear la crisis política que vivía el país tras las cuestionadas elecciones presidenciales del 2019, México le concedió asilo político y con nuestros impuestos le pagó el viaje y su manutención.
También nuestro gobierno ha respaldado al dictador Nicolás Maduro en varias ocasiones, incluyendo cuando fue excluido de la Organización de Estados Americanos y ha mantenido silencio frente a las controvertidas elecciones y la persecución de opositores.
No se diga la cercanía del mandatario mexicano con el gobierno de Cuba, país en donde —todo el mundo lo sabe— no existen los derechos humanos y no se ha celebrado una elección libre en 70 años. Además de que López Obrador se dejó condecorar por su homólogo, —el dictador— Miguel Díaz-Canel, en mayo de 2022, con la Orden José Martí, la más alta distinción del país isleño y nos insultó a todos los mexicanos al otorgarle la Orden Mexicana del Águila Azteca en el grado de collar, el máximo reconocimiento a extranjeros, y parece que estamos subsidiando a ese régimen con millones de barriles de petróleo crudo —según reveló un monitoreo realizado por el Instituto de Energía de la Universidad de Texas— y pagándole por servicios de los famosos “doctores cubanos”, cuyas actividades y habilidades son altamente dudosas.
En cuanto a Perú, en contravención del principio de no intervención que siempre ha dicho defender, López Obrador fue declarado como persona non grata por su Congreso en mayo del año pasado por las críticas contra la mandataria Dina Boluarte y su negativa de entregarle el liderazgo de la Alianza del Pacífico.
Tampoco podemos dejar de mencionar la deferencia y servilismo frente a Donald Trump, quien en innumerables ocasiones ha puesto al mandatario y a nuestro país en el centro de su discurso racista.
Ahora, nuestro mandatario, en un nuevo fiasco internacional, nos coloca en una situación de vulnerabilidad al defender y dar asilo político a Jorge David Glas Espinel, exvicepresidente ecuatoriano, acusado por presuntos actos de corrupción, quien desde diciembre de 2023 se encontraba refugiado en la embajada de México en aquel país.
Ya sabemos todos el desenlace. Una transgresión a nuestra embajada en Ecuador, casi como si hubieran invadido México.
Cerrar los ojos frente a lo que nos demuestra nuestro Presidente y seguir pensando que es un “demócrata” nos hace cómplices. Si a él no le da vergüenza, a nosotros los mexicanos sí nos debería de dar.
*Maestro en Administración Pública por la Universidad de Harvard y profesor en la Universidad Panamericana
X: @ralexandermp
