Yo sí les creo

Hay articulistas que ponen el foco en el tema de la seguridad de la jefa del Estado, que amerita una discusión aparte

Una de las dificultades más importantes y graves que enfrentan las mujeres al denun ciar o acusar a un varón por algún delito sexual es derivada de descalificaciones e incredulidad. Lo más común es que quien recibe la queja sea un varón cuyo razonamiento inmediato gira en torno al tipo de vestimenta que traía la mujer, a su consumo de alcohol, a que quizá ella aceptó, pero “por desquitarse” ahora inventa un delito, que todo lo está haciendo para obtener alguna ventaja secundaria, y un larguísimo grupo de etcéteras que me ha tocado escuchar dependiendo de las circunstancias en las que ella se queja. 

Invariablemente dejan de lado lo más obvio y elemental: quejarse de un delito sexual exhibe a la víctima, y eso es algo tan indeseable que prácticamente nadie en sus cabales aceptaría. 

Lo más común es afirmar categóricamente que la mujer está mintiendo y eso aplica absolutamente a todos los niveles culturales, sociales y económicos, y ahora podemos afirmar que también aplica a la mujer más poderosa del país. Si se trata de una mujer que se dedica a la limpieza dicen que miente para ganar dinero, si es una secretaria afirman que sus mentiras son para obtener algún beneficio laboral y ahora somos testigos de que, si la quejosa es la presidenta Sheinbaum, miente para distraer la atención del terrible crimen que acaba de ocurrir en Uruapan. Así de absurdo y ridículo el argumento. Lo peor, dicen que ella articuló un montaje teatral para obtener como beneficio la distracción. Es lamentable el argumento. Si, efectivamente, la Presidenta quisiera distraer la atención tendría millones de recursos de los cuales echar mano antes de algo que la exhibe como víctima de un borracho acosador sexual. 

No se necesitan más de dos dedos de frente para entender que siendo la máxima autoridad del país, no le gusta aparecer en videos que se han reproducido hasta el cansancio en todos los medios de comunicación y hacen evidente el acoso del que fue objeto por un sujeto que transitaba pacíficamente por la calle y frente al cual su equipo de seguridad no reaccionó por varias razones; iba desarmado, caminaba con tranquilidad, y su actitud era aparentemente correcta, tranquila y ecuánime,disfraces utilizados frecuentemente por sujetos acosadores. 

Me resulta francamente increíble que en todos los medios sociales, en todos los grupos de redes, en todos los medios de comunicación aparezcan chistes de pésimo gusto haciendo mofa del hecho y explicaciones francamente estúpidas con afirmaciones contundentes como la que acabo de citar del distractor. 

También hay articulistas muy respetables y sensatos como Ricardo Raphael, que ponen el foco en el tema de la seguridad de la jefa del Estado, que sin duda amerita otra discusión aparte, pero que aquí no aplica. El delincuente no era un asesino ni nadie que pusiera en peligro la integridad de la Presidenta, era eso, un acosador, al que espero se le castigue con todo el peso de la ley, y el hecho lamentable nos haga reflexionar como sociedad. 

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