¿Y la despenalización de las drogas?
Creo que los gobiernos, entre más populares sean, tienden a perder la brújula de forma más automática. El periodo previo en el que el señor Trump gobernó a nuestro vecino del norte, se caracterizó por decisiones erráticas en varios rubros, que se pudieron corregir ...
Creo que los gobiernos, entre más populares sean, tienden a perder la brújula de forma más automática. El periodo previo en el que el señor Trump gobernó a nuestro vecino del norte, se caracterizó por decisiones erráticas en varios rubros, que se pudieron corregir porque tuvo mecanismos de autocontención que permitieron resarcir algunos fallos. Por acá, en tierra azteca tenemos al gobierno más popular en muchas décadas y no parece haber ningún mecanismo interno que le permita a la cúpula del poder redirigir sus esfuerzos hacia el beneficio de las mayorías; el asunto de las drogas lo deja en evidencia. Es un hecho demostrado que las estrategias prohibicionistas y persecutorias de consumidores no conducen más que al caos, la ilegalidad y la proliferación de mafias cada día más poderosas, tanto que el próximo gobierno de EU los está considerando terroristas, hecho por demás demostrado. Cada día resulta más cotidiano en México atestiguar la explosión de vehículos, los ataques indiscriminados sobre población civil o las bombas transportadas por drones. Entonces, aunque a los mexicanos nos duele, debemos entender que efectivamente en algunas circunstancias buscan causar terror; es decir, por lo menos a tiempo parcial, sí son terroristas.
Desde luego, la aparición de la crisis del fentanilo en EU provoca sentimientos encontrados respecto a la despenalización de las drogas por el simple hecho de su extrema toxicidad; dosis infinitamente más pequeñas comparadas con cualquier otro fármaco son capaces de causar la muerte, entonces ¿bajo qué esquema podemos pensar en despenalizarlas? Yo, por el contrario, pienso que eso hace mucho más urgente discutir seriamente quitar las penas de cárcel y la persecución policiaca, porque permitiría tratar en el ámbito médico a los enfermos, y probablemente prevenir muchas muertes prematuras; pero en lugar de discutir estos asuntos que son fundamentales, estamos hablando, como sociedad, acerca de la veracidad de un reportaje de un medio en el extranjero. Francamente, me parece muy poca cosa como para que las máximas autoridades mexicanas le dediquen su tiempo y esfuerzo. Si las reporteras mintieron o hicieron mal su trabajo, pues allá ellas, no me parece un asunto de Estado, como lo es la discusión que debemos tener a corto plazo, frente al próximo gobierno norteamericano. Como alguna vez dijo el ingeniero Slim respecto de Donald Trump, no se trata de “terminator” sino de “negociator”, es decir, se trata de uno de esos personajes que le gusta provocar la reacción de los demás y, en función de la respuesta que él aprecia, evalúa la solidez de sus interlocutores. Eso parece haberlo entendido bien la presidenta Sheinbaum, ahora falta usar esa característica a nuestro favor. Esa discusión necesariamente se debe dar al interior de México como Estado-nación, pero simultáneamente se debe propiciar hacia la sociedad norteamericana, que también está sufriendo las consecuencias de políticas equivocadas en ese ámbito.
Ya nos urge un gobierno identificado claramente con la salud.
