Vivir cien años

Las personas caminan para hacerse de los elementos vitales, aunque sea para comprarlos en algún comercio, pero acuden caminando, en bicicleta, a caballo, pero no en autos.

Aspirar a vivir un siglo parece un verdadero despropósito por sí mismo. Hay muchas personas que gracias a los avances tecnológicos viven muchos años más de los esperados, pero en condiciones francamente lamentables, y si no está en sus manos poner fin a esa miserable existencia, se encuentran destinados a sufrir hasta el momento que alguien se apiade de su condición.

No es mi intención hablar de ese objetivo, sino de comentar un documento que pude apreciar recientemente en alguna de las plataformas de streaming.

Nuestra época, con una comunicación masiva por múltiples canales que, frecuentemente resulta apabullante y provocadora de confusión, también presenta la ventaja de encontrar documentos valiosos con tesis interesantes en forma de películas, series o videos. De esa forma encontré un documental de varios capítulos, filmado por un periodista norteamericano de nombre Dan Buettner, que en español titularon Vivir cien años.

El documento es producto de muchos años de trabajo del director, que se propuso en principio encontrar las zonas del orbe en las que las personas eran más longevas, a las que llamó “zonas azules” con el único objetivo de marcarlas en un mapamundi. Una vez que tuvo algún grado de certeza respecto de las cifras vitales, comenzó a visitarlas una por una, dedicando tiempo para convivir con la población local apreciando las entrañas de su existencia cotidiana.

No se detuvo en describir su dieta o el agua que beben, sino a dejar testimonio en video con entrevistas bien logradas para que el espectador pueda acercarse un poco a su modo de vida, a las pasiones que manifiestan, al entorno ambiental y a las decisiones que toman. Al final de cada entrevista le preguntó a su interlocutor a qué atribuye la longevidad y las respuestas, como es de esperarse en ciencia, no son homogéneas. Tampoco es homogéneo el nivel de vida de las poblaciones en términos de ingreso per cápita, de hecho, son en extremo diversas; hay poblaciones de gente francamente pobre y otras de clases acomodadas, lo que requiere entonces de trabajo fino para entender las causas de la longevidad.

Por supuesto invito a quien lee estas líneas a apreciar el documental, pero repitiendo de memoria algunos de los puntos centrales coincidentes casi en todos los lugares estudiados tienen que ver con la dieta.

Ninguna población tiene consumo de alimentos ultraprocesados, prácticamente en ningún lado se pueden apreciar trastornos alimentarios derivados, por ejemplo, de la adicción a los azúcares; además, las personas caminan para hacerse de los elementos vitales, aunque sea para comprarlos en algún comercio, pero acuden caminando, en bicicleta, a caballo, pero no en autos.

En todas las poblaciones, el autor pudo apreciar un entramado social sólido que impide que los individuos, aún envejecidos, vivan solos; tienen formas de interacción social simples, pero muy satisfactorias para todas y todos. Por supuesto en todos los lugares las personas son de complexión delgada y en alguna de ellas un anciano dice frente a cámara que nunca ha comido hasta la saciedad. Manifiesta comer algo así como hasta tener satisfecho 80% y ahí se detiene.

Hay muchas otras conclusiones muy interesantes, pero lo que también llama la atención es que finalmente el documento corre a contrapelo de las tendencias “del mercado” de la sociedad occidental actual, hecho que también resulta sorprendente.

En fin, al final se trata no de vivir cien años, sino de vivir una vida plena y disfrutable.

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