Violencia política de género
Las conductas que la conforman, por definición, ocurren desde una posición de poder, a partir de la cual se afectan los derechos de una mujer que se encuentra por debajo jerárquicamente del varón.
Resulta absurdo que un varón, que ocupa la máxima posición de poder en el Estado mexicano, manifieste que es sujeto de violencia política de género. El argumento brilla por lo ridículo y refleja una ignorancia supina desde cualquier punto de vista; el Presidente de México carece de las ideas más elementales respecto a discriminación de género en todos los ámbitos de la vida.
Las conductas que la conforman, por definición, ocurren desde una posición de poder, a partir de la cual se afectan los derechos de una mujer que se encuentra por debajo jerárquicamente del varón; lo contrario simplemente no existe. Sería imposible concebir que una mujer, desde una posición de muchos niveles abajo del máximo jerarca, presione o intimide al gobernante, quien, por cierto, detenta a sus órdenes todo el poder del gobierno.
De hecho, en México es incluso el comandante supremo de las Fuerzas Armadas, como él mismo lo reconoció hace poco, ¿qué tipo de amenazas o presiones podría alguien ejercer sobre él? El razonamiento carece de la lógica más elemental, se trata entonces de otra de esas frases que el Ejecutivo federal emplea para inflamar los sentimientos de esa enorme masa de personas que lo siguen sin la mínima reflexión ni rigor lógico.
Me sorprende que, incluso la titular del Instituto Nacional de las Mujeres, Nadine Gasman, que ha fortalecido durante su gestión las perspectivas que permiten evidenciar la inequidad de género, se coloque hoy del lado del machín, afirmando que las mujeres deben aguantar estoicamente las agresiones desde Palacio Nacional.
El Presidente en turno simplemente pretende destruir, afectar y cancelar las posibilidades de una mujer brillante, como Xóchitl Gálvez, por la sencilla razón de que ella no forma parte de sus huestes, y se le ocurrió la peregrina idea de presidir la República. Al margen de estar desgranando frase por frase, como lo están haciendo ahora sus súbditos para negar los hechos, la intención del gobernante es a todas luces evidente y, por supuesto, constituye un inenarrable abuso que carece de toda justificación moral, al tiempo que viola una enorme cantidad de legislación vigente.
Todas y todos los que propugnamos por actitudes que tiendan a equilibrar el poder entre hombres y mujeres, y así entendemos el progreso, nos sentimos profundamente ofendidos y ofendidas por las actitudes del hombre más poderoso de México. Ahora algunos de los “intelectuales” del régimen están acudiendo a poner en evidencia que Claudia Sheinbaum ha sido sujeta de violencia de género, lo cual no dudo y, claro que es reprobable, pero eso no se puede equiparar a una mujer agredida, insultada y menospreciada por el Presidente de la República.
La estrategia de provocar, agredir e insultar ya se le empieza a desgastar, y muchos tenemos la esperanza de que desmorone a esa entelequia llamada “Cuarta Transformación”. Los argumentos empiezan a hacer agua frente a las evidencias, cada día más abundantes, de su ineficacia para gobernar y de uno de los peores sexenios en términos de corrupción gubernamental. Ya veremos el resultado.
