Vacunación obligatoria
En México hemos avanzado muy bien en porcentajes de vacunación
Somos testigos hoy de la nueva ola de casos de la enfermedad covid-19, especialmente en países de elevados ingresos y que, contradictoriamente, ostentan las cifras más altas de objetores a la vacunación. Por razones que sigo sin entender, muchas personas, incluso de elevados niveles educativos, deciden no someterse a la vacunación.
Una especulación expresada en una reciente reunión con amigos médicos gira en torno a una respuesta de desconfianza profunda provocada por las recientes evidencias de manipulación de masas articulada desde las redes sociales y los medios electrónicos de comunicación, como una respuesta de rebeldía frente al alud de evidencias. Eso sería una respuesta visceral, por completo irracional, pero por supuesto explicable.
En México desconocemos la magnitud del problema, por supuesto hemos avanzado muy bien en porcentajes de vacunación, por lo que sospecho que es marginal el número de objetores, pero considero necesario ponderar el asunto porque nos podríamos llevar una sorpresa.
Todos en nuestro medio social hemos tenido contacto con varias personas que se niegan a ser inmunizados sin razones lógicas y eso es un peligro.
Los países que ahora enfrentan la nueva oleada de casos están proponiendo nuevos confinamientos, pero como ahora contamos con vacuna, también proponen que la inmunización se convierta en obligatoria en centros de trabajo. Por supuesto suena razonable, pero, por otro lado, se encuentran los derechos derivados del principio de autonomía, bajo cuya protección no podría ser nadie obligado a ninguna terapia médica.
Nuevamente menciono que, bajo esta óptica, se debe optar por el máximo nivel de protección a la población, entonces resulta válido permitir que alguien no se vacune, pero también sostener como obligación presentar el certificado de vacunación para acceder a lugares cerrados con concentración humana. Nuestros gobiernos tanto federal como locales, deberían iniciar el debate y las acciones encaminadas a considerar como obligación presentar el certificado tanto a los empleados públicos como a quienes acuden a las oficinas gubernamentales.
Probablemente estas acciones nos brindarían también una idea acerca de las dimensiones del problema. De forma concomitante se requiere difundir los principios elementales en los que se fundamenta la vacunación como una de las mejores acciones de la medicina moderna en términos de prevención de la mortalidad y el incremento en la esperanza de vida.
Ojalá veamos en la escena pública este tema.
