Uso de mariguana en el embarazo
Se debe despenalizar para su uso regular por adultos, con algunas restricciones y muchas advertencias.
Uno de los argumentos que utilizamos frecuentemente todos los que pugnamos por la despenalización de las drogas gira en torno a la autodeterminación de las personas, y la libertad que debe otorgar la sociedad organizada para que cada individuo tome los riesgos que considere prudentes bajo su escala de valores, aunque le cueste la vida. El problema aparece, por ejemplo, al conducir un vehículo a gran velocidad.
Si no hay nadie en la pista, no hay dilema ético, el conductor puede morir sin afectar a nadie, pero en caso de que circulen otras personas su conducta pone en grave riesgo a los demás.
Desde el inicio de la discusión en México hemos considerado que una de las drogas con menor posibilidad de causar daño grave irreversible es la mariguana, que tiene ya mucho tiempo en la sociedad, con diferentes patrones de consumo.
Por supuesto se debe despenalizar para su uso regular por adultos, con algunas restricciones y muchas advertencias. Existen hoy evidencias científicas que demuestran los daños de la planta sobre el cerebro de los menores de edad, que son suficientes para prohibirla en esa población, lo que, por supuesto, no resulta fácil, pero hoy el alcohol se encuentra en un esquema similar.
Hace unos días apareció un artículo en una prestigiosa revista científica (Proceedings of the National Academy of Science of the United States of America) que demuestra claramente la existencia de trastornos de conducta, como la hiperactividad y fenómenos de ansiedad, en niños nacidos de mujeres que consumieron mariguana durante el embarazo.
La evidencia constituye una alerta para hacer todo el esfuerzo humanamente posible para que las mujeres gestantes no consuman la droga, por la posible afectación al recién nacido.
Por supuesto, si la mujer decide interrumpir el embarazo tempranamente se termina el dilema, pero si se trata de alguien que planea tener un hijo, se le debe conminar enfáticamente a no consumir tampoco esta droga.
Quienes atendemos de forma cotidiana a mujeres embarazadas estamos familiarizados con las invitaciones regulares para no consumir tabaco o alcohol, que también han demostrado efectos dañinos en el recién nacido, por lo que ahora deberemos aumentar una más a nuestro arsenal discursivo para señalar específicamente al cannabis como no permitido por el sistema sanitario.
Una vez que nazca el feto por supuesto que la mujer tiene la libertad de seguir consumiendo lo que desee, pero en tanto permanezca en el seno materno debe modificar su conducta en este ámbito.
El trabajo de investigación citado va un poco más allá, no solamente pone en evidencia el trastorno conductual de los infantes, sino propone una hipótesis acerca del posible mecanismo del daño, que, presumen, puede estar asociado a cambios en los receptores hormonales de la placenta.
El autor pone énfasis también en el bombardeo de información que reciben hoy las embarazadas, que las alienta a utilizar la droga para revertir las náuseas y la ansiedad provocadas por la gestación, hecho que no me parece tan evidente en México, pero habría que estudiarlo. Por lo pronto, es otro ámbito de restricción con evidencia científica.
