Ucrania y maternidad subrogada

La dificultad hoy son nuestros políticos

La semana pasada hablamos del asunto de la maternidad por sustitución o subrogada en Ucrania poniendo el énfasis en la carencia de legislación que tenemos en México, a pesar de que tenemos evidencias cada día más claras de que se está llevando a cabo.

El caso de Ucrania es de señalarse porque desde hace algunos años lo tienen bien reglamentado y ofrecen un servicio adecuado y ético, lo que ha propiciado que muchas parejas de diversas partes del mundo acudan a tierra ucraniana para efectuar el procedimiento.

Las clínicas allá se hacen cargo de la elección de las mujeres que podrán fungir como gestantes y les brindan un control prenatal aparentemente óptimo con atención del parto, igualmente otorgada por equipos especializados que garantizan, en la medida de lo posible, un desenlace correcto para entregar al recién nacido a sus padres genéticos.

En prensa aparecen evidencias de centenares de mujeres que cursaban un embarazo ajeno al estallar la guerra, lo que motivó que algunas dieran a luz en búnkeres bajo tierra y sin la presencia de los padres de intención.

Otras, supone la prensa internacional, pudieron salir con rumbo a otros países europeos con el riesgo, ahora, de que al dar a luz estén imposibilitadas para entregar al recién nacido a los padres genéticos, porque la legislación del país en el que ocurra el nacimiento no contemple o permita la subrogación.

El terrible fenómeno de la guerra pone de manifiesto la urgente necesidad de regular la práctica médica por todos los países, en virtud del enorme grupo de implicaciones legales y familiares concomitantes.

Las actitudes prohibicionistas que han tomado en países como España, por ejemplo, sólo conduce a que las parejas españolas salgan de su país a buscar el procedimiento, y si lo habían encontrado en Ucrania, ahora están expuestas a los horrores de la guerra.

Ya previamente se reportaron casos de bebés nacidos de parejas españolas nacidos fuera del país, a los que el gobierno español se negó a reconocerlos como españoles negándoles un pasaporte, hecho que atropella gravemente los derechos de esos recién nacidos.

Sin duda, la ignorancia, las posturas que parten de ideologías o cuerpos morales rígidos que no se prestan al diálogo, son un caldo de cultivo para el atraso, poniendo en riesgo inminente a muchos recién nacidos, mujeres, parejas y grupos profesionales que pretenden trabajar bajo principios éticos.

Es insoslayable la realidad e innegable la urgente necesidad de abordar seriamente el tema en México. La dificultad hoy son nuestros políticos y un Congreso concentrado en descalificar en lugar de dialogar.

Muchas mujeres y muchas parejas podrían beneficiarse de poder gestar a su hijo en el vientre de otra mujer que tuviera la voluntad de hacerlo. Ojalá podamos progresar.

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