Tripledemia

México tiene la obligación de diseñar la estrategia para abordar el problema.

En esta sociedad occidental actual en la que nos gusta mucho inventar nuevas palabras en todos los idiomas, ahora se está hablando de una tripledemia. El concepto proviene de unir dos términos, triple y epidemia, para referirse a la posible concurrencia de tres infecciones respiratorias: la gripe común, la influenza y covid-19.

Por razones meramente climáticas, el invierno del hemisferio norte, al que nos aproximamos, trae aparejada la elevación en el número de casos de infecciones respiratorias, como la gripe y la influenza; la novedad es que ahora se suma el covid-19, que no ha terminado su diseminación, pudiendo afectar, incluso, a quien ya la padeció o está inmunizado.

El fenómeno se manifiesta ya en algunas zonas de Europa y de Estados Unidos, de hecho, parece una nueva oleada de covid-19, pero, por supuesto, con mucho menos riesgos o estragos en comparación con las previas. Las otras dos infecciones son viejas conocidas de los sistemas sanitarios y, por lo tanto, tenemos herramientas muy eficaces para enfrentarlas. Contamos con vacunas contra la influenza, actualizadas hasta mediados del año en curso y de muy alta eficacia, además de tratamientos con medicamentos de probada eficacia y seguridad.

El problema actual no parece ser en torno a cada una de las infecciones por separado, sino que ahora, frente a una diseminación amplia por la enorme capacidad de contagio mostrada por cada una, se presenten casos combinados con dos o tres de los virus en una sola persona.

Frente al nuevo reto, todos los sistemas de salud tendrán que adaptarse para tomar acciones en tres grandes ámbitos; primero, por supuesto, favorecer y propiciar la vacunación universal contra influenza y covid-19, biológicos que, por cierto, no se contraponen en absoluto, de hecho, se podrían aplicar simultáneamente sin ningún problema; en segundo lugar, se debe preparar el sistema de atención médica con las pruebas diagnósticas suficientes y, finalmente, asegurar la disponibilidad de los fármacos con efecto probado, tanto indicados en influenza como en covid.

La razonable sospecha de que la simultaneidad de infecciones en una persona, debilitada por alguna condición o enfermedad previa, la afectará de forma mucho peor tendrá que ser un argumento central, tanto en la difusión de la información como para la capacitación del personal sanitario en todos los ámbitos.

México tiene la obligación de diseñar la estrategia para abordar el problema, aunque si bien es cierto, covid-19 parece ya no representar ninguna amenaza, sabemos con razonable certeza que si en otras latitudes, como Europa, se está presentando, también lo hará en tierra azteca.

Nadie lo puede dudar hoy: de nuevo nuestro endeble y maltrecho sistema de salud parece que será golpeado por este reciente fenómeno que, además, sospechamos, no debe causar mortalidad debido al éxito de la vacunación y al enorme grupo de personas que ya padecimos la infección. Todo parece indicar que, por lo pronto, no nos vamos a deshacer del molesto cubrebocas.

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