Trasplante de matriz

Otra parte del evento académico que recién concluimos con el doctor César Palacios, investigador de la Universidad de Oxford, estuvo en relación con un asunto estrictamente de investigación: el trasplante de útero. Ese órgano, también llamado matriz, es ...

Otra parte del evento académico que recién concluimos con el doctor César Palacios, investigador de la Universidad de Oxford, estuvo en relación con un asunto estrictamente de investigación: el trasplante de útero.

Ese órgano, también llamado matriz, es fundamental para la reproducción, lo poseen únicamente las mujeres (genéticamente hablando) y es en su interior donde se fija el embrión, que posteriormente será un feto para finalmente convertirse en un recién nacido.

Existen personas que, a pesar de tener ovarios en el nacimiento, carecen del órgano por algún defecto en el desarrollo embrionario, pero por lo demás son personas normales.

En esta circunstancia las opciones para quien desee ser madre son pocas, exclusivamente podría adoptar un hijo(a) o recurrir a la llamada maternidad subrogada, que hemos tratado en este espacio y en lugares como México representa una enorme dificultad por la carencia de regulación.

Frente al panorama, desde hace mucho tiempo hay colegas ginecólogos que han propuesto la posibilidad de trasplantar un útero con fines reproductivos.

En un principio, la idea parece sensata y lógica; es decir, si existe alguien que done la matriz, no parece descabellado llevar a cabo el procedimiento, pero ya en la práctica, aparecen dificultades técnicas y éticas mayores.

Resulta que la matriz, fuera del embarazo es un órgano relativamente pequeño, con una irrigación sanguínea compleja y compuesto de varios tejidos, lo que conduce a dificultades para extraerlo sin que sufra daños y también representa muchas dificultades para que no sea rechazado por el sistema inmune de la receptora.

El obstáculo ético más importante gira en torno a los riesgos; la extracción de una matriz con fines de donación implica una cirugía larga y compleja, a veces se toma cerca de cinco horas en quirófano, con la donadora anestesiada y con el abdomen expuesto.

Ese hecho representa por sí mismo una mayor posibilidad de complicación que potencialmente le podría costar hasta la vida a la donadora.

Si comparamos con otros trasplantes como el de riñón o hígado, en caso de que el donador sufriera alguna complicación que le costara la vida, le está regalando vida al receptor, pero en este caso, hablando de la matriz, sólo le aportará la posibilidad de ser madre.

No desprecio la maternidad, pero, por supuesto, no es lo mismo donarle un órgano a alguien que sin ese trasplante no sobrevive, comparado con la donación para satisfacer el deseo de ser madre.

Frente a este primer problema ético hay investigadores que proponen la donación del útero de un cadáver, es decir, de alguna mujer que se encuentre en una sala de terapia intensiva con muerte cerebral.

Eso parece salvar el problema, pero lo que ha ocurrido en la realidad es de mucho mayor dificultad para encontrar donadoras compatibles y, por lo tanto, mayor porcentaje de fracasos del procedimiento.

De hecho existe un registro mundial de trasplantes de útero, han sido pocos a la fecha y los mejores resultados en términos de lograr la maternidad han sido con donadora viva, relacionada con la receptora.

Por supuesto, el problema es muy interesante tanto para la investigación médica como ética.

La sociedad debe estar atenta consciente y abierta a la discusión del problema, pero lo único que no debemos hacer es bloquear o prohibir la investigación en éste o en cualquier otro campo de la medicina.

Temas: