Terapia génica celular contra el cáncer

Un solo caso de éxito resulta en extremo importante porque no se podría explicar de ninguna otra forma

Desde hace algunos meses han aparecido diversos artículos en la literatura médica que se refieren al éxito en algunos pacientes de un nuevo tratamiento llamado terapia génica celular.

El tratamiento consiste en extraer del enfermo algunas células T, que son las encargadas de identificar y destruir compuestos ajenos al organismo, para modificarlas de manera que reconozcan a las células cancerosas como un nuevo enemigo, provocando de esa manera que las destruyan.

Desde hace muchos años está demostrado que las personas sanas generan ocasionalmente algunas células anormales que, en caso de proliferar, serían capaces de originar un tumor maligno, pero el sistema de defensa las mantiene a raya destruyéndolas casi de inmediato.

  • No está claro el mecanismo por el que los tumores malignos evaden ese sistema provocando que algunas personas enfermen de cáncer. Este novedoso tratamiento se basa, entonces, en modificar genéticamente unas pocas células, otorgándoles, quizá, de nuevo esa capacidad para terminar con las cancerosas. Como siempre, en los tratamientos nuevos contra el cáncer, una vez que el tratamiento ha demostrado su seguridad y eficacia en animales experimentales se les ofrece como posibilidad remota a enfermos a los que ya nos les queda ningún otro tratamiento, es decir, que se encuentran sin opciones porque los tratamientos existentes han fracasado.

Por supuesto, muchos de ellos, dependiendo de sus condiciones y sufrimiento, deciden morir en paz, pero algunos aceptan tratarse con la nueva terapia. Como también sucede muy a menudo, los casos de éxito se pueden contar con los dedos de una mano, pero un solo caso de éxito resultaría en extremo importante porque no se podría explicar de ninguna otra forma.

Ya algunas agencias sanitarias están hablando del tema porque a nadie nos cabe duda que se convertirá a corto plazo en una opción más. Por supuesto, a pesar de que son los inicios, se habla también de los costos del mismo, que al día de hoy son tan elevados que se quedaría fuera de las posibilidades de la gran mayoría de las personas enfermas. Por supuesto, el panorama de este tratamiento lo contemplamos tan lejano en un país como México, que con dificultad puede sostener un sistema público sanitario que ni siquiera cubre al total de la población y que, además, ha mostrado signos claros en el sentido de limitar cada día más la inversión en investigación científica al margen del signo de los gobernantes, que se convierte en una especie de sueño inalcanzable que algún día podamos combatir la enfermedad con este tipo de medios.

Hace algunas semanas hablé en este espacio de que existen datos de mortalidad incrementada e injustificable en México por retrasos de meses para iniciar los tratamientos, entonces contar con terapias de frontera parece casi ridículo. Ojalá los políticos algún día entiendan que urge incrementar la inversión en ciencia.

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