Sancionar al consumidor de tabaco
La intención de la ley modificada es señalar, estigmatizar y castigar a quien consume tabaco.Una de las premisas que ha presumido el actual gobierno de la Ciudad de México reza algo así como “la ciudad de las libertades”, haciendo referencia a que en la ...
- La intención de la ley modificada es señalar, estigmatizar y castigar a quien consume tabaco.
Una de las premisas que ha presumido el actual gobierno de la Ciudad de México reza algo así como “la ciudad de las libertades”, haciendo referencia a que en la capital de la República se hace gala de tolerancia para que todas y todos podamos ejercer nuestros derechos dentro del marco de la ley. Con la reciente publicación de una nueva legislación podemos presumir que se trata de la “ciudad de las prohibiciones”, que gira en torno a la regulación del consumo de tabaco.
Pocos objetivos tan nobles como combatir las adicciones y la del tabaco es una muy importante por los demostrados daños a la salud; existen evidencias muy claras que no sólo afecta la salud del tracto respiratorio, sino que ocasiona cáncer en diversos lugares del organismo humano, pero en el combate creo que está mal enfocado. La reciente modificación al reglamento de la Ley General para el Control del Tabaco que entró en vigor hoy contiene modificaciones plausibles como la prohibición de la promoción del consumo, pero también prohibiciones absurdas, como el consumo de cualquier producto del tabaco al aire libre.
Propongo el ejemplo de quien prende un cigarro al aire libre en la mitad de un parque o plaza pública que, sin duda, genera una cierta cantidad de humo y nanopartículas, pero el sentido común me dice que comparando la cantidad de dichos contaminantes con las emitidas por el diésel y el aceite a medio quemar de cualquier transporte público, es insignificante. Si la pretensión de la reforma legal fuera la protección a la ciudadanía, el Estado debería primero garantizar que los vehículos de combustión interna, especialmente los de propiedad del gobierno, no emitan las enormes cantidades de gases contaminantes que, obviamente, resultan en daños también enormes a la salud de la población.
Parece, entonces, que la intención de la ley modificada es señalar, estigmatizar y castigar a quien consume tabaco, hecho que, por supuesto, no abonará a que abandone la adicción, y más bien puede predisponer a que sean objeto de agresión por parte de los no fumadores.
Otra vez caemos en la tentación fácil de castigar a quien consume una droga cuando deberíamos privilegiar que reciba orientación y tratamiento médico bien articulados, además de tomar todas las acciones tendientes a la prevención del inicio del consumo de tabaco, que ocurre las más de las veces durante la infancia o adolescencia.
A la presente modificación legal sólo le falta prohibir a los fumadores el consumo dentro de sus casas, lo que sería una invasión injustificada del estado a la intimidad y privacidad de las personas. Creo que, en general, el Estado mexicano ha tomado el camino correcto desde hace más de diez años; los mensajes de los padecimientos en las cajetillas hacen evidentes los enormes daños; prohibir la publicidad y ahora la exposición de los cigarrillos también me parecen medidas correctas, pero favorecer la estigmatización de quien padece la adicción es un extremo indeseable.
Espero que la autoridad sanitaria modifique la reglamentación respetando, por supuesto, los marcos éticos. El principio de autonomía en bioética nos brinda una orientación muy clara. Cada persona tiene derecho sobre su cuerpo, al margen de los riesgos o daños que puedan significar alguna actividad o consumo de alguna sustancia.
