Relanzamiento de la Comisión Nacional de Bioética
Dicho organismo es de reciente creación, no es mérito de la actual administración
Resulta especialmente llamativo que, en medio de una situación política en México en la que destacan nombramientos desde Palacio Nacional que han resultado polémicos, como el pretendido papel como embajador de un personaje acusado de ser acosador, ocurra simultáneamente un movimiento tan a favor del México que todos deseamos, como el que recién ocurrió en la Comisión Nacional de Bioética.
- Dicho organismo es de reciente creación, no es mérito de la actual administración, pero tiene pocos años de existencia, y se ocupa de temas que resultan sustantivos para la sociedad occidental contemporánea, para discutirlos en el contexto nacional.
El organismo requiere de ser conducido con una visión incluyente, moderna, y con enorme capacidad de diálogo.
Los temas de inicio y fin de la vida humana, las implicaciones medioambientales de la actividad industrial, la investigación científica en seres humanos, son algunos de los tópicos que tiene la responsabilidad irrenunciable de abordar con profesionalismo y una visión global de lo que ocurre en el orbe, amén de armonizar sus opiniones respecto del contexto internacional y sistemas de valores establecidos y estudiados para respetar profundamente los valores humanos.
Hace unos días se dio a conocer el nombramiento como comisionado del doctor Patricio Javier Santillán Doherty, a quien he tenido el gusto de conocer en ámbitos ligados a la bioética.
Además de ser un profesional reconocido en el área de la cirugía de tórax, me constan sus capacidades para reflexionar en todos los temas que he mencionado y, especialmente, su capacidad para negociar y lograr consensos; atributo notable y deseable en el cargo que recién ocupa.
La verdad es que, desde mi perspectiva, la salida de quien fuera el comisionado hasta el año 2020, el doctor Manuel Ruiz de Chávez le quitó un impulso necesario en cuanto a sus enormes responsabilidades.
Hoy, el nuevo nombramiento significa una esperanza fundada que, seguramente, permitirá inyectarle un nuevo impulso a la Comisión para que participe activamente en todos los campos de su responsabilidad.
Creo que el gobierno federal asume, además, el compromiso de brindarle al organismo todos los elementos necesarios para que funcione en los mejores términos.
Ojalá se percaten políticos, legisladores y funcionarios de todos los niveles acerca de las aportaciones que pueden encontrar en la Comisión que, sin duda, les pueden facilitar su trabajo cotidiano.
Por razones específicas de la bioética, en muchas ocasiones he estado cerca de diversos grupos de legisladores que pretenden cambiar, para bien, algún cuerpo normativo y puedo dar fe, no sólo de la falta de oficio de muchos de ellos, sino también de la carencia de elementos de pensamiento mínimos para abordar los problemas que pretenden resolver.
Justamente, eso les puede brindar la Comisión. Por primera vez en esta administración celebro tanto un nombramiento.
