Regular consultorios en farmacias

Las cadenas comerciales favorecen, en ausencia de reglas, la venta de los antibióticos más caros, sin importarles la salud de las personas.

El hecho que debería ser francamente un escándalo, en el que las cadenas de supermercados se están convirtiendo en proveedores de servicios de salud, llama la atención de las autoridades en el Senado, que ya “piensa" en algún mecanismo para regular dicha actividad.

Es escandaloso, por muchas razones, pero la principal, a mi juicio, está en relación a que en el fondo se trata de vender medicamentos. Las cadenas comerciales involucradas carecen absolutamente de cualquier vocación para favorecer o propiciar la salud del pueblo de México, exclusivamente, lo ven como una forma eficaz de aumentar sus ganancias. Respecto del asunto el Ejecutivo federal no dice una sola palabra, porque la existencia misma de dicho fenómeno traduce la incapacidad e incompetencia del gobierno actual para ofrecer servicios sanitarios adecuados, suficientes y eficaces. La única respuesta, por lo demás ridícula, es la creación de una “farmaciototota” capaz de surtir todos los medicamentos del mundo.

Es tan ridículo el argumento que imaginemos a un paciente en Yucatán que requiere de forma urgente un tipo específico de insulina, acto seguido, saldrá del Bajío un piquete de soldados con una hielera en un jeep militar para acudir solícitos al llamado del hospital que manifestó el requerimiento. Es seguro que cuando lleguen el paciente ya cambió su estado de salud, mejoró con algún otro método o falleció a la espera del remedio. Lo que refleja, evidentemente, es la improvisación y carencia de profesionalismo de todos los funcionarios federales, incluyendo a quien preside el Ejecutivo.

Bajo esta perspectiva es que las cadenas comerciales citadas, hoy están invirtiendo dinero para ofertar, dentro de sus instalaciones consultorios médicos en los que brindan hasta especialidades médicas, abusando de las condiciones de una población prácticamente en desprotección.

Los efectos de la falta de oficio y de planeación tendrán sin duda efectos muy nocivos sobre la salud de la población y, por supuesto, veremos a corto plazo brotes epidémicos con superbacterias resistentes a todos los antimicrobianos; no tengo que ser un genio para prever esas secuelas, la intención de todos los “servicios médicos” bajo esas condiciones, como dije antes, es la venta de medicamentos y entre más caros, mejor.

Las cadenas comerciales favorecen, en ausencia de reglas, la venta de los antibióticos más caros, sin importarles la salud de las personas.

Hoy, las cosas ya ocurrieron, la siguiente administración federal tendrá la obligación de presentar un plan de salud sensato, profesional y basado en hechos para recuperar poco a poco lo perdido en este gobierno, incluyendo, por supuesto, el control estricto de la actividad dentro de dichos consultorios.

Muy probablemente en el momento de la exigencia respecto del cumplimiento de normas estrictas contra el conflicto de interés y a favor de la salud, las cadenas comerciales harán escándalos, porque afectarán sus utilidades, pero ese conflicto, espero no lo olvidemos, será producto del abandono de la administración actual. Es no solamente un escándalo, sino, además, una catástrofe anunciada.

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