Reflejos del desprecio del Ejecutivo federal hacia los médicos

En varias ocasiones he tratado el triste asunto del cúmulo de descalificaciones, críticas sin fundamento e insultos de los que hemos sido objeto los médicos por parte del Ejecutivo federal. A pesar de las demostraciones y evidencias del riesgo que corrimos, hasta de ...

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En varias ocasiones he tratado el triste asunto del cúmulo de descalificaciones, críticas sin fundamento e insultos de los que hemos sido objeto los médicos por parte del Ejecutivo federal. A pesar de las demostraciones y evidencias del riesgo que corrimos, hasta de morir, durante la pandemia por covid-19; el Presidente nos trata como si fuéramos un grupo de malintencionados cuyo único propósito es ganar dinero. Por supuesto, necesitamos ganar dinero, igual que cualquier persona, de forma legítima, para nuestra sobrevivencia y la de nuestras familias, pero de ninguna manera eso nos convierte en criminales, como ha sido el trato que se nos otorga. Como lo he mencionado en mas de una ocasión, las denostaciones y agresiones provenientes de una persona con tanto poder se han traducido en actos concretos, por completo injustificados, contra ciudadanos normales. Al Presidente, por supuesto, no le importa lo que nos pase, está perfectamente demostrado.

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Hace unos meses se articuló toda una estrategia policíaca para “atrapar” a un peligrosísimo anestesiólogo, que por cierto estaba en su casa, por haber comprado unas ampolletas de fentanilo de uso médico. Hasta el día de hoy la autoridad investigadora no ha mostrado evidencia alguna del uso criminal del fármaco, por lo que sospecho que se trata de un invento por parte de algún policía tratando de justificar su inútil existencia. Por supuesto, cuando el hombre más poderoso del país comunica públicamente que el gremio médico equivale a una banda de delincuentes, pues fácilmente ese policía le inventa algún delito al colega.

En las últimas semanas hemos atestiguado feminicidios contra médicas en diversos lugares de nuestra geografía y, a menos que pase algo extraordinario, terminarán engrosando las enormes filas de los casos sin resolver, debido a la extrema carencia de personal calificado en investigación y persecución de delitos en los tres niveles de gobierno, pero por supuesto también facilitado por el estúpido discurso presidencial.

La última escena que quiero mencionar es lo que ocurrió hace unos días en el Centro Médico de Occidente: un grupo de profesionales de la salud, entre los cuales había algunos pertenecientes al grupo de enfermería y medicina, se enfrentaron a golpes con miembros de la Guardia Nacional porque no soportan más los malos tratos, agresiones y desprecio que les otorgan los policías. En pocas palabras, esos policías, que deberían estar para cuidar, se han dedicado a agredir y maltratar al personal médico y de enfermería, por supuesto con la convicción absoluta de que nadie les pedirá rendir cuentas respecto de su conducta. Otra vez, una actitud respaldada por el discurso del comandante supremo de las Fuerzas Armadas, que en última instancia es su jefe.

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El discurso de odio, que el Ejecutivo federal entiende como una forma de “hacer política”, tiene efectos directos en la vida cotidiana de muchas personas que se convierten en víctimas inocentes. Por eso nos urge que ya se larguen y, por supuesto, no hemos escuchado absolutamente nada diferente de boca de la corcholata elegida para contender por la Presidencia de la República, por lo que sospecho que nos seguirán agrediendo e insultando.

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