Propuestas para Acapulco

Como muchos gobernantes que no entienden ni lo más elemental del trabajo científico, no le otorgan valor a las conclusiones de los diversos grupos de investigación.

Desde luego tiene razón Ricardo Raphael que, en uno de sus últimos artículos, hizo una descripción de las nefastas actitudes de muchos comunicadores que lejos de describir la destrucción y el tramo que se ha logrado restablecer en cuanto a vías de comunicación y suministro eléctrico, acuden a entrevistar a una señora que se quedó sin casa y sin trabajo de forma francamente morbosa.

Ciertamente parece lenta la respuesta gubernamental, pero, desde luego no existe gobierno sobre la faz de la tierra que salga bien librado frente a una tragedia de esas dimensiones. Siempre se verá sometido a una crítica mordaz desde todos los puntos de vista; la anticipación, la calidad de la respuesta y la atención a los damnificados, etcétera,

Quiero poner en contexto dos hechos que me parecen centrales respecto del gobierno actual. El primero es señalar la poca confianza que ha demostrado el Ejecutivo federal en la ciencia. Como muchos gobernantes que no entienden ni lo más elemental del trabajo científico, no le otorgan valor a las conclusiones de los diversos grupos de investigación, los entienden como si fueran un grupo de loquitos que dicen cosas por ocurrencias, y se dedican a perder el tiempo en sus laboratorios. Lo vimos como respuesta inicial frente a la pandemia, claramente expresado en diversas conferencias de prensa, en las que se mencionaron estampitas de algún santo o expresiones como que se trataba de una gripe.

Ahora frente a los reportes de un centro científico norteamericano (dedicado al estudio de los huracanes), que advertía la posible capacidad destructiva del meteoro, el Presidente redactó un lacónico mensaje en la red social X sin advertir del peligro. Eso no fue con malas intenciones, la explicación puntual es que se demuestra una vez más que no confía en la ciencia. Seguramente pensó que si daba la voz de alarma quedaría en ridículo en el momento en que no ocurriera nada grave.

Así las cosas, la destrucción ya ocurrió, seguramente hay muchas más pérdidas de vidas humanas que las que se están reportando; lo que sigue es proponer para reconstruir. Muchos hoteles estaban ya en una crisis, debido a las aplicaciones que hoy usamos para conseguir alojamiento, si vamos a restablecer Acapulco ¿no es momento de pensar en otro esquema? Y, por otro lado, ¿no es momento para pensar en opciones como la navegación de cabotaje, inexistente en México?

En fin, falta un plan de reconstrucción, lo que nos presentaron es un plan de respuesta inmediata con muchas deficiencias. Por supuesto está claro que el gobierno ha destinado mucho personal y recursos para restablecer lo más básico, pero para abordar temas como los que propongo se debe hacer un llamado a toda la sociedad para que aporten desde recursos hasta ideas acerca de los caminos para que la gente pueda tener un empleo a la brevedad.

No hay tiempo que perder, el gobierno y sus corifeos deben dar paso a nuevas actitudes incluyentes y, sobre todo, deben pensar en asignar recursos en el presupuesto del próximo año para dicha reconstrucción.

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