Petición al secretario David Kershenobich

Pocos aciertos tan notables en los últimos años, en salud, como el incremento a los impuestos de las bebidas venenosas que tantos daños a la salud han causado en las últimas décadas en México. Desde luego, los que hemos revisado de forma sistemática las evidencias ...

Pocos aciertos tan notables en los últimos años, en salud, como el incremento a los impuestos de las bebidas venenosas que tantos daños a la salud han causado en las últimas décadas en México. Desde luego, los que hemos revisado de forma sistemática las evidencias científicas desearíamos medidas más severas en contra de todos los ultraprocesados, pero claramente los actos de gobierno requieren paciencia y mucho sentido común para anticipar las furiosas respuestas que ya empezamos a ver por parte de los industriales que fabrican los malsanos alimentos y bebidas.

Como especialista en Medicina Perinatal estoy, además, especialmente atento a las evidencias científicas relativas a dichos alimentos y bebidas en el embarazo y son francamente apabullantes. No hay absolutamente ningún asomo de duda respecto al enorme daño que causan todos los “refrescos”, endulzados con cualquier sustancia, así como los alimentos ultraprocesados.

Hoy sabemos que existe un fenómeno llamado programación fetal, que consiste grosso modo en una serie de condicionantes para el feto y el recién nacido en función de la nutrición materna. Sabemos que el incremento de peso exagerado durante el embarazo tiene muchas secuelas, pero una de ellas es el incremento muy importante en las posibilidades de sufrir sobrepeso en la vida adulta del que está por nacer. Se incrementan las posibilidades de diabetes gestacional, se altera la microbiota intestinal del recién nacido y una muy larga lista de evidencias que nos conducen en automático a concluir que el consejo médico absoluto e indudable es que las mujeres gestantes deben tener prohibido el consumo de dichas bebidas y alimentos.

Bajo el panorama descrito, me atrevo a proponer la obligación de imprimir en las etiquetas de todos estos venenos la figura tachada de una mujer embarazada, que en México se conoce muy bien porque aparece en muchos medicamentos con alguna objeción de consumo durante la gestación. De ninguna manera pienso que signifique ningún costo adicional que no pueda asumir la industria, que ya gasta sumas enormes de recursos en la publicidad, así que un logotipo adicional en sus etiquetas no resultará ser ningún obstáculo insalvable y, por el contrario, vamos a abonar a evitar el consumo de dichos tóxicos por los casi dos millones de mujeres gestantes que tiene este país cada año.

Desde luego, agradezco de antemano la atención que le puedan prestar a mi texto, pero me parece que no debemos dejar de lado al grupo de mujeres embarazadas.

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