Partería en México

• Existen parteras con muchos años de experiencia, que conocen profundamente la atención del nacimiento, pero sin la mínima formación académica ni demostración de sus habilidades

El gobierno federal comunicó recientemente, en voz del doctor Hugo López- Gatell, la intención de publicar una norma que pretende regular la práctica de la partería en el país. El tema es complejo, derivado de una larga historia y tradición mexicana respecto de la atención del nacimiento.

Las parteras han existido prácticamente desde antes de la Colonia, incluso, durante la época en la que arrancó la primera institución de salud gubernamental se les incluyó, porque había insuficiencia en la capacidad, con diversos niveles de éxito.

Si bien es cierto forman parte de nuestra cultura en zonas amplias de la geografía nacional y, por supuesto, es una magnífica intención regular su actividad, es un problema complicado debido a las bases fundamentales bajo las cuales se pretende establecer las condiciones para su práctica.

Los países europeos, con una larga tradición también en este campo, han optado por establecer una formación universitaria con el otorgamiento de licencias que autorizan su ejercicio bajo criterios estrictamente académicos, así como de demostración de habilidades. Las demás profesiones tienen requisitos similares y, bajo un punto de vista de la sociedad occidental moderna, parece el camino más razonable, considerando la rendición de cuentas como principio elemental de la democracia.

Un abogado que pierde un litigio por desconocimiento de la ley puede ser sujeto del escrutinio público, exactamente igual que un médico o un ingeniero que desconoce las bases elementales de sus profesiones; entonces, una partera profesional debe también poder ser evaluada en cuanto a sus resultados.

Aquí enfrentamos una primera enorme dificultad, porque existen parteras con muchos años de experiencia, que conocen profundamente la atención del nacimiento, pero sin la mínima formación académica ni demostración de sus habilidades. Ésta es una de las razones por las que las agencias internacionales sanitarias, como la OMS, no han podido emitir recomendaciones respecto de la actividad de lo que han llamado “parteras tradicionales”.

No existe una metodología clara, evidente y fácil para evaluar ni su nivel de conocimiento ni el resultado de su actividad, datos fundamentales en la regulación de cualquier profesión.

Personalmente propuse, cuando tuve a mi cargo la responsabilidad, la creación de una carrera universitaria nueva, consultando, por supuesto, tanto a parteras tradicionales, como a profesionales y a obstetras interesados en el campo. Nunca hemos podido progresar en este ámbito, ojalá la norma, por publicarse, facilite ése que es uno de los pilares necesarios para un modelo moderno.

Chile, por ejemplo, tomó un camino parecido, por supuesto, sin menospreciar ni desperdiciar el talento de muchas parteras tradicionales, pero hoy están profesionalizadas y repartidas a lo largo y ancho de un país con enormes dificultades geográficas y una población también muy dispersa como es nuestra realidad.

Los resultados que hoy presenta aquel país, en términos de disminución de muerte materna y acceso a métodos de control de la fertilidad, nos resultan envidiables. El asunto del porcentaje de nacimientos mediante cesárea también se beneficiará con la participación de parteras en el equipo de salud, sin embargo, hoy resulta difícil evaluar esa proporción bajo las cifras sanitarias de la pandemia que trastornaron prácticamente toda la atención sanitaria.

Ojalá seamos testigos de progreso, nos urge.

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