Otra autoviuda

Ya me referí en este espacio a las entrevistas hechas por Saskia Niño de Rivera a personas que se encuentran privadas de la libertad por diversos motivos. Ahora pude ver otra excelente entrevista hecha a una mujer que se encuentra purgando sentencia de más de 30 años en ...

Ya me referí en este espacio a las entrevistas hechas por Saskia Niño de Rivera a personas que se encuentran privadas de la libertad por diversos motivos. Ahora pude ver otra excelente entrevista hecha a una mujer que se encuentra purgando sentencia de más de 30 años en una prisión de la Ciudad de México, por haber asesinado a quien fuera su esposo.

A lo largo de la entrevista, la activista le pregunta cómo fue el proceso para decidir terminar con la vida del padre de sus hijos, y la mujer hace una narración detallada de los 20 años junto al sujeto que estuvieron plagados de abusos, violaciones y golpizas interminables. Desde luego, el matrimonio vivía en un medio social educativo y cultural de carencias extremas, apenas podían sobrevivir con los ingresos que el obtenía de una pequeña sastrería en la que ella ayudaba de manera obligada y sin recibir remuneración. A pesar de que era evidente que pasaba muchas horas cumpliendo las obligaciones de ese trabajo, él llegaba a su casa y le propinaba tremendas golpizas por “abandonar a sus hijos”, a quienes también agredía sistemáticamente. Al escenario se sumó, con el paso de los años, primero, un consumo de alcohol sin medida y, posteriormente, consumo de cristal y metanfetamina, lo que orilló al individuo al narcomenudeo para poder pagar sus adicciones. A quienes rendía cuentas respecto de las ventas era a un grupo de policías judiciales de la zona, quienes la detuvieron en el momento de la aparición del cadáver del señor.

Antes de terminar con la vida de su pareja, le advirtió en varias ocasiones, le dijo que no estaba dispuesta a seguir soportando los golpes hacia sus hijos y él despreció en diversos momentos las advertencias, que, al narrarlas, rayan en la comicidad, porque fue aplazando el momento del crimen por razones como la cercanía de la Navidad o el cumpleaños del sujeto. Finalmente llegó la fecha, ella le invitó una botella de alcohol, le sugirió que se drogara y cuando cayó casi inconsciente, severamente intoxicado, ella lo obligó a beber alguna sustancia tóxica como hipoclorito de sodio, que seguramente sólo fue el final de la intoxicación.

El error que cometió fue no cerrar las cortinas, porque alguna vecina alcanzó a ver la escena y es quien avisa a las autoridades del posible crimen. Los judiciales de marras la condujeron ante el ministerio público, amenazándola con sus hijos en caso de que no se declarara culpable.

A lo largo de los años de abuso, ella levantó actas frente al ministerio público por lo menos en diez ocasiones, en las que acudió con las huellas evidentes de las golpizas, pero nunca procedieron contra el agresor y cuando la juzgaron la autoridad jurisdiccional tampoco ponderó esas evidencias, que obviamente eran fundamentales para entender el contexto y debieron ser atenuantes del delito de homicidio, pero la condenaron a 35 años de prisión. Saskia también le pregunta si se arrepiente y ella aclara que, frente a todas las autoridades en prisión, siempre asegura categóricamente que está profundamente arrepentida, para que le otorguen los beneficios de quizá salir antes, pero que sinceramente no se arrepiente. Afirma francamente que ella considera que libró a la sociedad de una lacra sin remedio. Al escuchar la entrevista me parece que tiene razón. De ninguna manera pretendo hacer una apología de la violencia, pero creo que ninguna mujer debería estar presa y sometida a las condiciones que ella vivió durante tantos años.

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