Opioides de venta libre en México
En materia de salud hemos sido testigos de una regresión histórica en los últimos cinco años
Cada día existen más evidencias acerca del origen de la crisis del consumo de opiáceos en Estados Unidos, con la secuela interminable de muertes por uso indiscriminado. Fue concretamente un laboratorio farmacéutico norteamericano que comercializó inicialmente la oxicodona, derivado de la morfina, en forma masiva, convenciendo a miles de galenos a lo largo y ancho de aquel país; dando como resultado millones de personas adictas, quienes acudieron al mercado negro cuando se prohibió el medicamento.
Los dueños de aquella empresa nunca pagaron las terribles consecuencias sobre millones que han perdido la integridad o la vida. Son hechos históricos que hoy no requieren demostración alguna, simplemente ya sabemos como humanidad, que la morfina y sus derivados pueden ser en extremo destructivos si se utilizan fuera de un ambiente médico controlado dentro de los hospitales y en momentos puntuales para resolver un problema específico.
Conociendo los hechos que han generado la demanda de narcóticos en aquel país, resulta verdaderamente absurdo que en México se comercialicen libremente medicamentos derivados de la morfina como el tramadol. Hoy lo podemos comprar en la farmacia de la esquina, a un precio relativamente bajo, y sin receta médica. Por supuesto, mis colegas me van a señalar que es menos potente que la morfina, y probablemente menos adictivo, pero eso no es pretexto para no controlar su venta. Está también demostrado que, aunque sea menos adictivo, tiene un potencial en ese sentido y por lo tanto no debería venderse como aspirina, invito a mis lectores a revisar las advertencias que aparecen en la página de la FDA, la agencia reguladora norteamericana respecto del tramadol.
Por supuesto debo reconocer la lucha que articuló la actual administración para obtener el etiquetado frontal de alimentos que resulta fundamental para el combate contra la obesidad y probablemente este tema signifique también vencer resistencias de la industria farmacéutica, con la ventaja de que nadie en su sano juicio podría argumentar nada para impedir el control en la venta de cualquier derivado de la morfina.
Si no queremos ver una crisis como la que se vive hoy en Estados Unidos por los opiáceos debemos controlar su venta; al margen del asunto de la despenalización de las drogas que también el gobierno de Morena abandonó. En materia de salud hemos sido testigos de una regresión histórica en los últimos cinco años; pasaron de desaparecer una estructura que comenzaba a tomar forma como el Seguro Popular, para también quitar a la institución que heredó sus funciones, el Insabi. Tantas decisiones torpes, sin fundamento en la realidad y probablemente matizadas por corrupción dejaron a 30 millones de mexicanos y mexicanas sin servicio de atención médica.
Desde hace dos semanas, el Ejecutivo Federal repite una nueva idea, de ésas que parecen salir de sus calzones: una farmacia con “todos los medicamentos del mundo”. Ridículo es poco decir.
