Nuevo concepto de la muerte

Desde hace algunos años existe un grupo de neurocientíficos que ha puesto en duda la capacidad de recuperación del cerebro afirmando que, si se proveen las condiciones adecuadas, quizá tenga capacidades que hoy desconocemos

La prensa internacional dio cuenta en la semana que términó de un hecho científico que cuestiona todo lo que pensábamos respecto de la muerte biológica. 

Un grupo de investigación en biología tuvo la capacidad de “revivir” tejidos completos de animales de experimentación, incluso horas después de la muerte, incluyendo tejido cerebral. 

Todas las ideas vigentes a la fecha giraban en torno a la muerte muy rápida de las células nerviosas pasados algunos minutos sin oxígeno, vital para la supervivencia de las mismas y que se apoyan en múltiples evidencias.  

En medicina sabemos que después de pocos minutos en los que alguna zona del cerebro humano permanece sin circulación sanguínea y, por tanto, sin oxígeno, provoca secuelas devastadoras en una persona, que son de muy difícil o, de plano, imposible recuperación; entonces, que hoy existan hallazgos como los que describo nos parece francamente increíble, pero así es la ciencia. 

 Desde hace algunos años existe un grupo de neurocientíficos que ha puesto en duda la capacidad de recuperación del cerebro afirmando que, si se proveen las condiciones adecuadas, quizá tenga capacidades que hoy desconocemos, y los hallazgos recientes parecen darles la razón. 

Incluso, existen personas que piensan que las maniobras para resucitar a un paciente en paro cardiorespiratorio deberían prolongarse mucho más tiempo del que hoy está establecido antes de decretar la muerte irreversible, porque, quizá, algunas personas puedan recuperar sus funciones cerebrales. 

Por supuesto, en la práctica cotidiana los encargados de las terapias intensivas o de salas de urgencias saben perfectamente que no es razonable, en virtud de que la enorme mayoría no va a poder recuperarse al margen del tiempo de dichas maniobras, pero bastaría con una sola persona para cuestionar todos los protocolos conocidos. 

Este tipo de hallazgos a los que debemos estar siempre abiertos para considerar su valor probatorio, junto con el progreso en el asunto de la criogenia, es decir a la conservación de tejido humano por congelación, están iniciando una etapa en la que tendremos que discutir todos estos asuntos desde una perspectiva ética, por cierto, la única salida razonable para decidir asuntos que afectarán a todas las personas y que finalmente se traducirán en posiciones filosóficas dado que implicarán nuevas definiciones de la vida y la muerte. 

Por supuesto, deben ser discusiones públicas, abiertas y con capacidad para escuchar y cambiar los conceptos vigentes. 

 Ojalá algún día podamos contemplar a políticos con capacidad para abordar estos temas con la profundidad que requieren. 

 Hoy sólo existen personajes tan lamentables que manifiestan abiertamente que el único interés que tienen es de temas electorales. Nos urge cambiar de temas, de objetivos y, por supuesto, de políticos. 

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