No hay mifepristona

La mifepristona es un fármaco cuyos efectos se descubrieron por casualidad hace ya muchos años en Europa. Se estaban investigando los efectos de una serie de medicamentos que actuaban contra los efectos de algunas hormonas como la progesterona, cuando en el laboratorio de ...

La mifepristona es un fármaco cuyos efectos se descubrieron por casualidad hace ya muchos años en Europa. Se estaban investigando los efectos de una serie de medicamentos que actuaban contra los efectos de algunas hormonas como la progesterona, cuando en el laboratorio de Étienne-Émile Baulieu, a quien tuve el honor de conocer aquí en México, se descubrió el efecto de una de las moléculas intermedias, llamada en aquel entonces RU486, como un medicamento seguro para la interrupción de la gestación. A pesar de que algunos países en aquella época habían ya despenalizado el aborto, el fármaco levantó grandes controversias y discusiones respecto de su seguridad y disponibilidad, que finalmente a lo largo de muchos años se ha demostrado de forma incuestionable y con bases científicas.

En la Ciudad de México, hace casi 20 años (en el 2007) se despenalizó el aborto en las fases iniciales de la gestación y pronto inició la distribución y venta del fármaco con limitado éxito. Acá se repitió la historia; es decir, los grupos ultraconservadores católicos, principalmente, comenzaron a propagar mentiras respecto del riesgo del medicamento para posteriormente recurrir a sus enormes influencias empresariales para presionar a las farmacias e impedir que se venda la droga, como si ese impedimento fuera a disminuir el número de abortos. Eso, desde luego, no funciona de esa forma, las mujeres que están decididas a interrumpir un embarazo lo hacen independientemente de que existan limitaciones en cuanto a algunos métodos, pero ahora esos obstáculos están impidiendo otros beneficios como la lucha contra el cáncer de mama.

Recientemente se ha podido demostrar, con razonable certeza, que la mifepristona (nombre actual del medicamento) sirve para el control y la prevención del cáncer de mama. Este tipo de cosas ocurren con frecuencia en la práctica médica; el caso de la aspirina es ilustrativo porque, de usarse sólo como analgésico, hoy sabemos que tiene la capacidad de prevenir infartos. La mifepristona también ha demostrado beneficios en cuanto al tratamiento de la miomatosis uterina y, ahora, para la prevención del cáncer de mama, pero esos grupos conservadores han articulado un nivel de lucha en contra de la distribución del medicamento que al día de hoy resulta francamente muy difícil conseguir una tableta, por lo menos a nivel de la medicina privada, en la que ocurren, desde luego, un gran número de atenciones, tanto por aborto como por miomatosis o cáncer de mama.

El hecho mencionado es un ejemplo patente acerca de que los tratamientos, los medicamentos y el ejercicio de la medicina deben permanecer exclusivamente sujetos al escrutinio de la ciencia y, por supuesto, alejados de posturas ideológicas o de cualquier religión, debido al riesgo que ello encierra.

El Estado mexicano debe actuar de forma decidida, rápida y eficiente para garantizar la distribución del medicamento, sancionando clara y explícitamente a quienes se opongan. No solamente no es ético seguir como estamos, es francamente inmoral.

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