Mortalidad materna por causas violentas

En 2018, el Inegi reportó 710 muertes maternas en el país.

En otras ocasiones he abordado el asunto de la definición de la mortalidad materna que sirve para evaluar el desempeño de la atención médica, así como la equidad de género. La muerte materna es un fenómeno complejo que responde a múltiples variables, tanto socioeconómicas como de equidad de género, y el interés general (académico y médico) siempre gira en torno a dichas condiciones; entonces el indicador de “razón de muerte materna” se calcula excluyendo las muertes violentas y/o accidentales, porque se considera que no reflejan calidad de la atención médica ni equidad.

Un accidente le puede ocurrir a cualquier persona, lo que en principio es cierto, pero debemos preguntarnos si los actos de violencia son reflejo de deterioro de las condiciones vitales. Por supuesto también la violencia afecta a cualquier persona y nada tiene que ver con su condición de género y menos con la gestación, pero propongo que de cualquier manera debemos permanecer pendientes de la evolución de las cifras en el tiempo.

Con ese objetivo en mente acudí a la página del Inegi para hacer una consulta simple en los últimos años: solicité primero el número de muertes maternas que se toman en cuenta para el cálculo de la mortalidad materna y, en segundo término, el número de muertes totales en los mismos años.

Para 2018 se reportaron 710 muertes maternas de la primera condición, contra un total de 895, lo que nos arroja una diferencia de 185, que significa el número de mujeres muertas por accidentes o actos violentos.

Para 2022 nos reportan un total de 678 muertes por enfermedades y fallas de atención contra un total de 883, lo que nos da una diferencia de 205 muertes violentas o accidentales.

Saltan a la vista dos hechos importantes. El primero es una disminución de 32 muertes por problemas de atención médica, es decir, parece haber mejorado la calidad de la atención médica, pero el asunto total empeora mucho porque las muertes violentas se incrementaron con una diferencia de 20 fallecimientos.

Por supuesto siguen ocurriendo embarazos en el país, quizá en parte por la demanda insatisfecha en cuanto a métodos de control de la fertilidad, e independiente del ambiente político o social. Cada mujer debe tener su agenda personalísima en relación con su deseo de ser o no madre y el momento en el que quiere ejercer sus derechos, entonces, las muertes violentas probablemente reflejan una condición general de la sociedad en su conjunto, con una generalización de actos violentos que las afectan también a ellas.

Lo contrario de esta hipótesis sería el peor escenario, es decir, que se estarían convirtiendo en blancos más frecuentes de actos violentos. No quiero ni siquiera pensar que ésta pueda ser la explicación, pero por supuesto se requiere de un análisis más detallado, profundo, y que tome en cuenta muchas más cifras, así como su evolución en el tiempo para conocer los detalles del fenómeno.

Espero que la administración que inicia recupere el interés en el estudio de la mortalidad materna y podamos continuar combatiendo un fenómeno tan lacerante.

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