Morena y maternidad subrogada
El Estado de ninguna manera debe convertirse en obstáculo para quienes deseen acudir a la técnica.
Hace un par de días apareció en la gaceta del Senado una iniciativa de ley firmada por el senador José Narro Céspedes que plantea prohibir la maternidad subrogada. La iniciativa en cuestión resulta por completo tendenciosa, porque, desde las líneas iniciales la califica como un negocio ilegítimo para mercantilizar la maternidad. Eso, por supuesto, no se ajusta a la realidad. La técnica nace con la noble intención de ser una herramienta más para las parejas infértiles o que carecen de la capacidad de gestar.
El senador la califica como un atentado a los derechos humanos cuando todos los instrumentos internacionales y la Constitución de la República consideran los derechos reproductivos como una parte integral. Dice el texto que es la manifestación de una libertad “mal entendida”, es decir, que una pareja consiga tener descendencia le parece un mal entendimiento de la libertad. Utiliza básicamente, sin mayor análisis, los argumentos que en España ha esgrimido el partido más conservador (el PP) para intentar impedir la técnica, sin escuchar a quienes hemos publicado muchos textos en el ámbito académico o en medios de comunicación aquí en México.
En muchas ocasiones he ejemplificado con un caso hipotético: imaginemos una mujer sana, que por alguna razón siendo joven pierde la matriz, conservando íntegros los ovarios. Hablando de que sea parte de una pareja heterosexual, y estando el varón también sano, bajo las condiciones actuales en reproducción asistida podemos tomar el óvulo de la mujer, fertilizarlo con el espermatozoide de su pareja, y en caso de que exista una hermana de ella dispuesta a llevar a cabo la gestación, le implantamos el embrión, que al nacer será entregado a sus padres biológicos.
La nobleza y la posibilidad de esa pareja para ser padre y madre quedan en evidencia, sin presentar francamente ninguna objeción ética. Por supuesto, bajo cuerpos morales de algunas religiones puede resultar inaceptable, pero como en el caso del aborto, quienes profesen esa fe, tienen libertad absoluta para no efectuar el procedimiento, pero el Estado de ninguna manera debe convertirse en obstáculo para quienes deseen acudir a la técnica.
Los conservadores, como el senador Narro, frecuentemente acuden a ejemplos indeseables de agencias abusivas que atropellan los derechos de las madres gestantes, pero, exactamente lo que es urgente legislar es prevenir los abusos, no para prohibir la técnica. En México, la realidad nos ha demostrado que los procedimientos se llevan a cabo desde hace mucho, con frecuencia en la clandestinidad, condición bajo la cual nunca podrá el gobierno vigilar el respeto a los derechos humanos de todos los involucrados, empezando por los del recién nacido.
Prohibir no sirve, sólo conduce a complicar el asunto; por supuesto requiere de voluntad para analizar paso a paso el fenómeno y anclar cada paso del procedimiento a controles estrictos que permitan llevar a cabo el procedimiento médico bajo los más altos estándares éticos.
Morena nos demuestra una vez más que se trata de un movimiento conservador disfrazado de liberal y que carece de la mínima intención de debatir sus ideas, sólo pretenden imponer su verdad como la única y absoluta. El Ejecutivo federal es el mejor ejemplo.
