Mi experiencia en el AIFA

El nuevo aeropuerto de Pachuca lleva el nombre de un general que se sentiría muy orgulloso de que la capital de su estado cuente ahora con esta infraestructura

  • El fin de semana previo tomé la decisión de acudir al puerto de Manzanillo, en el estado de Colima, para visitar a un buen amigo. Unos días antes me di a la tarea de buscar un boleto de avión y los encontré sorprendentemente caros. Esos precios son saliendo del tradicional aeropuerto Benito Juárez y aterrizando en el de Manzanillo y, como curiosidad, hice una búsqueda hacia el aeropuerto de Colima, por la misma línea aérea, es decir, Aeroméxico. Los precios eran menos de la mitad del valor, hecho inexplicable porque la distancia es prácticamente la misma, así que opté por comprar esos boletos, a pesar de la necesidad de rentar un pequeño automóvil para trasladarme al llegar a la peligrosa ciudad de Colima. Acto seguido, me di cuenta de que ese vuelo era a través del nuevo aeropuerto de Pachuca, el Felipe Ángeles, que lleva el nombre de un general hidalguense que, si reviviera, estoy seguro que se sentiría muy orgulloso al darse cuenta de que la capital de su estado cuenta ahora con un moderno aeropuerto y que lleva su nombre.
  • En vista de que tendría que trasladarme a Pachuca, la bella airosa, decidí irme en mi automóvil y dejarlo en el estacionamiento de la terminal aérea, en virtud de que yo sólo planeaba permanecer un par de días. Allá tuve una estancia agradable, y el domingo me dirigí de regreso a Colima, temprano para regresar el destartalado autito de renta, y abordar mi vuelo de regreso al aeropuerto Felipe Ángeles que, por cierto, me pareció una buena terminal aérea, pequeña, con poca capacidad, pero con espacios amplios, bien diseñados, agradables, bien iluminados, es decir, excelente tratándose de un aeropuerto de pueblo. En Europa he visto aeropuertos similares en pueblitos muy pequeños, funcionando de maravilla.
  • Al llegar al aeropuerto de Colima me enteré que el vuelo había sido cancelado y la única explicación del personal de Aeroméxico fue: “mal tiempo”. Por supuesto, hace muchos años no había visto tanto sol en esta época del año y una estabilidad atmosférica casi absoluta, que ha conducido a que la CDMX ya acumule dos contingencias ambientales, así que la explicación no me convenció en lo más mínimo. Además pude apreciar que a todos los pasajeros que llegamos nos dieron pases de abordar para el día siguiente… ¿y las personas que ya tenían su vuelo el lunes?, ¿les cancelaron? La respuesta a las dos preguntas es un rotundo no, entonces no hay que ser genio para deducir que, simplemente, como el vuelo no estaba lleno lo cancelaron calculando los costos del hotelito a donde nos mandaron a los pocos que no éramos habitantes de Colima. Al comentar con los empleados que el estacionamiento me iba a costar mucho más, me dijeron que ellos no se harían cargo, así que yo tuve que asumir esos costos y lo peor es que, cuando finalmente llegué por mi automóvil, al día siguiente, estaba golpeado, de lo cual tampoco nadie se hará cargo. En suma, es un aeropuerto bonito, muy lejos de la Ciudad de México, al cual cancelan vuelos con una mano en la cintura sabiendo que en este país las personas no protestan y nadie se hace responsable de los daños a tu automóvil. Suplico a los lectores que no lo usen y procuren no volar por la abusiva línea de Aeroméxico.

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