México, pionero en homeopatía

No es justificable que se gaste ni un sólo peso del dinero que ejerce el gobierno (que, por cierto, es nuestro, no de los políticos) en esos tratamientos.

Hace unos días me enteré, a través de una nota periodística, de un asunto que me parece alarmante. La agencia mexicana dedicada a la ciencia, el Conahcyt, publicó recientemente una serie de criterios para apoyar la investigación científica y en el rubro de ciencias de la salud se propone como área la investigación en homeopatía.

Esa disciplina tiene una larga historia a lo largo de la que ha pretendido tener algún papel en el alivio o la curación de enfermedades que afectan a las personas, pero nunca ha podido demostrar con evidencia científica su utilidad. Desde el punto de vista racional, sus principios tampoco parecen muy lógicos, aparentemente una de sus bases es partir de que la causa de una enfermedad, administrada al enfermo en dosis muy bajas, tendrá la capacidad de curarlo; francamente no parece muy sensato.

En nuestro país, desde hace muchos años existe una escuela de medicina que también se dedica a la enseñanza de la homeopatía, hecho que hemos cuestionado muchas personas, porque, si bien es cierto no es racional prohibir su uso por carecer de bases científicas, sí existe un impedimento ético y legal para gastar dinero público en un tema que carece de demostración. Sería lo mismo que el Estado mexicano asignara recursos públicos para tratar enfermos con brujería y moxibustión.

El cáncer nunca se curará mediante semejantes estrategias, es más, el dinero que ejerce el gobierno, si se gasta en esas cosas no sólo significa un engaño mayúsculo, sino además la condena a muerte de todas las personas que están siendo tratadas con esas estrategias. Lo mismo aplica para la homeopatía, entonces, sorprende de manera mayúscula que el gobierno pretenda favorecer y gastar el dinero, que es de todos y todas las ciudadanas mexicanas, en investigar un tema que nunca ha podido demostrar que tiene la capacidad para curar ni un pulque.

Si el jefe del Ejecutivo está profundamente convencido de que la homeopatía o la brujería le pueden curar la hipertensión o la cardiopatía isquémica que padece, resulta profundamente respetable, y debemos ser tolerantes frente a la aparición de toda clase de magos y brujos en Palacio Nacional, siempre y cuando el costo de dichos tratamientos se pague con el estipendio del funcionario público. No es justificable que se gaste ni un sólo peso del dinero que ejerce el gobierno (que, por cierto, es nuestro, no de los políticos) en esos tratamientos.

Bajo el principio de autonomía en bioética se puede entender que cualquier persona tiene pleno derecho a decidir absolutamente lo concerniente a su salud, incluso si esas decisiones le cuestan la vida, pero lo que nunca será válido es decidir gastar el dinero de todos en brujería.

Ojalá que el organismo científico cambie de actitud por un discernimiento científico; esta idiotez de afirmar que existe una ciencia “neoliberal o conservadora” puede conducir a tomar decisiones tan absurdas como pretender favorecer la investigación en un tema tan ridículo. Quisiera conocer las posturas de las candidatas a la Presidencia respecto de este punto. No estoy seguro de cómo serían sus respuestas.

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