La sala de trabajo de parto, una forma de violencia obstétrica

Ya he dedicado una buena parte de este espacio para abordar el tema de la violencia obstétrica, que tanto escozor produce en muchas personas, y como lo he comentado en ocasiones previas, la violencia evidente y clara de alguien que insulta o golpea a una mujer en trabajo ...

Ya he dedicado una buena parte de este espacio para abordar el tema de la violencia obstétrica, que tanto escozor produce en muchas personas, y como lo he comentado en ocasiones previas, la violencia evidente y clara de alguien que insulta o golpea a una mujer en trabajo de parto resulta fácilmente identificable y debe ser severamente sancionada, pero hay otros muchos aspectos “culturales” que encierran actitudes violentas que no son tan evidentes y cuesta trabajo describirlas y prevenirlas.

Hoy quiero hablar del concepto de la sala de labor de las instituciones de salud, especialmente las del ámbito de la medicina pública. Se trata frecuentemente de áreas contiguas a los quirófanos y a las salas de expulsión, casi siempre de acceso muy restringido sólo al personal médico y paramédico debidamente uniformado con ropa de quirófano para evitar contaminación con gérmenes del exterior, en la que existen camas una junto a la otra, que se le asignan a mujeres en trabajo de parto.

Para que la paciente sea conducida a ese lugar se requiere la valoración de un obstetra, quien, bajo criterios médicos y después de explorar a la mujer, corroborando que se encuentra en franco trabajo de parto, indica que debe permanecer ahí hasta la resolución de la gestación.

Previamente le exigen a la paciente despojarse de todas sus pertenencias, su ropa, su teléfono celular, e incluso sus anillos y pulseras, las prótesis dentales que pudiera tener, se le despintan las uñas y se le deja en ayuno. Permanece acostada sin poder caminar, frecuentemente con una solución intravenosa, sujeta a la exploración vaginal regular por diferentes médicos o médicas, quienes determinan, con los hallazgos a lo largo de las horas, de la evolución normal del parto; que pudiera durar 12 horas o más.

La sala normalmente carece de luz natural, porque las áreas quirúrgicas no deben tener ventanas, entonces la mujer queda completamente inerme, sometida a las condiciones y los comentarios del personal del hospital, sin saber si es de día o de noche, incomunicada de sus seres queridos, en ayuno, sin poder ir al baño, a lo largo de muchas horas, dependiendo de la evolución del parto.

Francamente, cuando se narra como lo estoy haciendo, pareciera una sala de torturas de alguna extinta Procuraduría; yo, cuando hablo frente a mis colegas ginecólogos de este escenario, les digo en tono de broma, para hacer menos pesada la descripción que si a mí me sometieran a esas condiciones confesaría cualquier crimen con tal de terminar con ese maltrato.

También procuro mencionar una anécdota que me tocó vivir hace años en algún momento estando en un hospital con servicio de maternidad en Oxford, en la Gran Bretaña, en una tarde de otoño, se me ocurrió salir a fumar al jardín del nosocomio, que, por cierto, permanecía vacío con el frío de aquel lugar cuando escuché salir justo detrás de mí a alguien.

Al dar la vuelta me percaté que era una mujer en trabajo de parto, con la típica bata y salió exactamente a lo mismo, es decir, a fumar. No pretendo hacer apología del tabaquismo, fumar en el embarazo es pésimo, pero la reflexión gira en torno a que las mujeres allá pueden hacerlo porque no están presas, confinadas y nadie les coarta su libertad, tienen contacto cotidiano con su familia, incluso se les ve en la cafetería conviviendo y, si el médico no tiene objeciones, comiendo lo que ellas quieran.

El contraste, desde luego, es brutal y no tengo que señalar que las estadísticas sanitarias del embarazo y parto son mucho mejores allá, entonces simplemente no hay argumento válido: lo que hacemos acá es violento, inadecuado y francamente muy ineficaz, pero como forma parte de una “cultura” médica, no se puede cambiar fácilmente.

Urge que se cuestione el tema en todo el sector salud de este país.

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