La ridícula farmaciota
Distribuir medicamentos en un territorio geográficamente complejo como el nuestro no es un asunto menor
Todas y todos los que nos dedicamos a la salud como profesión estamos francamente sorprendidos por la solución propuesta por el Ejecutivo federal para solucionar el problema del desabasto de medicamentos a lo largo y ancho de nuestra geografía. La premisa del gobierno es desde luego cierta, a la fecha existen grupos empresariales muy poderosos que se han adueñado de la distribución de fármacos y lo han convertido en un jugoso negocio a costa del pueblo de México, pero para solucionar o mitigar el problema es urgente contratar personal muy especializado con el objetivo de estudiar todos los aspectos del asunto para presentarle a todos los interesados soluciones viables aunque lleve implícita la limitación de una parte de las ganancias de los grupos involucrados.
- Distribuir medicamentos en un territorio geográficamente complejo como el nuestro no es un asunto menor, especialmente considerando que muchos fármacos requieren condiciones especiales de humedad y temperatura para garantizar su efecto y otros tienen fechas de caducidad muy cortas. De hecho, muchos medicamentos son transportados directamente por el laboratorio que los fabrica, lo que garantiza la conservación adecuada de los mismos. Los laboratorios cuentan con personal especializado con capacidad incluso de prever el consumo en una zona geográfica específica, de tal forma que transportan las cantidades que se van a consumir con razonable grado de certeza, minimizando de esa forma las mermas.
- Los medicamentos de elevado valor son exactamente los que requieren de condiciones muy especiales para su manejo. Visto el panorama, el gobierno federal es el único ente con capacidad para negociar distribución y entregas directamente con los fabricantes en sitios específicos; lo que refuerza mi afirmación previa en el sentido de conformar un grupo profesional de alto nivel para negociar escenarios concretos.
- Lo que francamente parece una ocurrencia absurda es proponer una Megafarmacia donde se almacenen “todas las medicinas del mundo”, en palabras del titular del Ejecutivo, para que desde ese lugar se le haga llegar el medicamento a quien lo necesite. La sola idea de que un piquete de soldados llevará tres ampolletas de insulina que necesita con urgencia una persona en Tuxtla Gutiérrez desde el centro del país, no sólo mueve a carcajadas, sino nos confronta con el drama de que no sabemos si el enfermo va a sobrevivir los días que transcurran. Para medio salvar ese absurdo, ahora dice el gobierno que se verificará por teléfono si en algún lugar cercano se cuenta con la medicina, lo que nos conduce a otro absurdo: se nota que nadie de este gobierno ha intentado hablar por teléfono a cualquier unidad sanitaria gubernamental, porque si se logra establecer comunicación con alguien, será francamente imposible localizar al responsable de la farmacia. El teléfono es hoy una de las peores y más ineficientes formas de comunicación, especialmente tratándose de la urgencia que puede significar la necesidad de un medicamento.
- No hay que ser genio para predecir que será un rotundo fracaso. Lo único que nos queda claro es la imperiosa necesidad que tiene hoy el gobierno saliente para inaugurar cosas grandes, al margen de su utilidad.
Lamentable desde cualquier punto de vista.
