La protección de los datos personales

La cantidad de ilegalidades cometidas desde la máxima tribuna del país deja ver a un individuo abusivo y sin ninguna estructura ética que lo contenga.

Desde el punto de vista de la bioética en investigación, invariablemente hacemos mucho énfasis en la protección de los datos personales de quienes participan en una investigación científica o médica. A todos y a todas las personas que opinamos y participamos del tema nos parece un asunto  obvio, que no requiere mayor explicación, proteger los datos personales parece hoy un principio ético y legal de observancia obligatoria para cualquier persona, especialmente para quienes detentan poder sobre otras; por eso me parece especialmente nauseabunda la reciente actitud del titular del Poder Ejecutivo en México que exhibe, impunemente, los datos personales de quien él dice cometió delitos.

Seguramente, la acusación es otra de tantas idioteces que afirma en su “conferencia” mañanera que, por supuesto, nunca terminará respaldada por ningún juez, eso está por verse, pero la cantidad de ilegalidades cometidas desde la máxima tribuna del país deja ver a un individuo abusivo y sin ninguna estructura ética que lo contenga.

Desde la campaña escuché de su boca, en varias ocasiones, hablando de faltas de respeto proferidas por él mismo, afirmar que no se trataba de nada personal, sino que así es la lucha política. Ese señor piensa que la “lucha política” justifica toda clase de insultos, descalificaciones y agravios proferidos contra cualquier persona, incluso si se ejecutan desde el poder. No se trata a mi juicio de un error conceptual, sino de una forma de justificar esas indeseables y abusivas conductas.

María Amparo Casar es una intelectual mexicana con una vida intachable, con logros académicos demostrados a lo largo de muchos años de participación desde las aulas que se ha caracterizado por articular una lucha sistemática a favor de la honestidad y la transparencia de quienes ocupan cargos en los gobiernos. Su trabajo, por ejemplo, permitió descubrir lo que posteriormente se llamó la Estafa Maestra, mecanismo utilizado por los políticos de la administración anterior para robar dinero del gobierno, a los que, por cierto, la actual administración no ha tocado ni con el pétalo de una rosa. Hoy trabaja en diversos temas cuestionables del gobierno en funciones, que, quizá, traduzcan corrupción, que sin duda existe, y como venganza, el Ejecutivo articula un juicio sumario desde su mal llamada “conferencia de prensa”, que más bien parece una misa diaria dirigida a sus fieles, que concluye con la aparición de un micrositio gubernamental en el que se exhiben los datos personales de la académica y que además están ligados con el fallecimiento de un ser querido. Nunca sospeché que un gobierno que se decía “de izquierda” tuviera conductas tan detestables, abusivas, y fuera de toda normatividad ética o legal.

No se equivoque, Presidente, sus insultos, agravios, descalificaciones y abusos no son ninguna lucha política, son insultos, agravios, descalificaciones y abusos. Nada más y nada menos. Esperemos que se le puedan cobrar a corto plazo.

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