La maldad de los criminales

Un criminal no siempre es un psicópata.

La personalidad, las razones y las circunstancias en las que una persona se convierte en criminal, desde luego han sido de interés académico a lo largo de muchos años, y su estudio ha contribuido a la explicación de muchos rasgos de conducta en las personas, así como a las condiciones que propician o permiten el desarrollo del crimen.

Bajo esa óptica, tenemos en México a una activista, Saskia Niño de Rivera, que ha dedicado buena parte de su esfuerzo a conseguir largas y muy valiosas entrevistas con diversos personajes que habitan nuestras cárceles bajo diferentes circunstancias. He visto muchas de sus entrevistas, por cierto muy bien conducidas y estructuradas, y quiero comentar una que vi recientemente. Se trata de un individuo que se define así mismo como merecedor de la larguísima condena que se encuentra compurgando, debido a que era secuestrador. Pocos delitos despiertan en cualquiera de nosotros tanta aversión y francos sentimientos de odio por el extremo dolor que provocan tanto al secuestrado como a sus familiares. Cuenta el individuo que estudiaron a un empresario dueño de varios negocios, incluso hablaron con muchas de sus empleadas, y en el seguimiento pudieron establecer que ese señor ejercía violencia sexual contra sus empleadas, forzándolas a sostener relaciones sexuales y en caso de negarse las despedía sin pago. Eso desde luego fue un hallazgo que carecía de importancia para el secuestro que llevaron a cabo sin dificultad, y ya una vez retenido el individuo, le preguntaron con quien tendrían que hablar para negociar su rescate. La víctima les dijo que hablaran con su esposa, a la que localizaron por teléfono y para sorpresa del secuestrador la señora accedió sin ningún alegato a cumplir con sus demandas. Al día siguiente hablan de nuevo con ella y, para sorpresa de todos, la señora les dice que no cuenta con la cantidad solicitada, pero les ofrece en ese momento darles absolutamente todo lo que tenía sin avisar a las autoridades, pero con la condición de que le quitaran la vida a su marido. Cuando los secuestradores accedieron, fueron a su domicilio, la señora cumplió cabal y alegremente con lo pactado, frente a lo cual el secuestrador le quitó la vida al secuestrado y se deshizo del cadáver.

Desde luego, el individuo merece todos los años que tiene de sentencia por un crimen tan grave, pero el matiz que refleja el hecho de ser el empresario, también un criminal, incluso odiado por su propia pareja, nos permite establecer que los buenos a veces no son tan buenos y los malos tampoco son siempre el extremo de la maldad que imaginamos cuando juzgamos en abstracto. El criminal siempre responde a circunstancias que lo rodean, sin que eso lo exima de responsabilidad, pero la personalidad que resulta en un criminal no siempre es un psicópata consumado y a veces puede apreciar y ponderar algunos valores, incluso durante el acto delictivo; que en el caso que comento comparte la responsabilidad del asesinato con la esposa de la víctima quien ordenó terminar con la vida de su cónyuge, también por razones que tendríamos que estudiar y describir.

Tristemente, parece ser que muchas personas sintieron alivio o incluso alegría por la pérdida de la vida del empresario, y el criminal se fue con el botín. En el curso de otro secuestro lo aprendieron y ahora está sentenciado por la mayoría de sus crímenes.

Temas: