La brujería en el sistema sanitario gubernamental

La eficacia parece depender del famoso efecto placebo

El Gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Claudia Sheinbaum, de formación científica y exacadémica de la UNAM, presentó hace relativamente poco tiempo una unidad que forma parte del sistema sanitario local en la que se ofrecen tratamientos “alternativos”.

Con el pretencioso nombre de Clínica de Medicina Integrativa, que se ha utilizado en otros ámbitos para describir tratamientos coadyuvantes a las intervenciones de la medicina formal, se ofrecen terapias a base de homeopatía, fitoterapia, acupuntura y otros tratamientos sin base científica.

De ninguna manera quiero satanizar estrategias a las que acuden personas por diversas situaciones para aliviar sus dolores o intentar mejorar su calidad de vida, pero ofrecer esos tratamientos fuera de las unidades hospitalarias propicia la idea errónea de que son tratamientos efectivos avalados por la ciencia. Nada más equivocado.

  • Tomando como ejemplo la homeopatía, resulta que no existe una sola evidencia científica de su efectividad en absolutamente ningún padecimiento humano conocido. Los esfuerzos que se han realizado en todo el orbe para intentar documentar algún beneficio han resultado infructuosos, es decir, la eficacia parece depender del famoso efecto placebo. El paciente se siente mejor simplemente porque cree que así será.

El tratamiento no aporta nada demostrable, el alivio depende del convencimiento, no de algún mecanismo biológico conocido. Lo que llaman “fitoterapia”, que se trata de herbolaria, el empleo de hierbas o plantas, tiene pocas evidencias científicas por la complejidad que entraña documentar algún efecto benéfico de los cientos de miles de sustancias contenidas en una planta.

Por ejemplo, hay muy pocas situaciones en las que se ha podido documentar que consumir nopal contribuye en el control metabólico de quien vive con diabetes, y para recomendarlo no haría falta un centro de servicios de salud, sino campañas en los medios de comunicación para alentar que lo consuman personas con esta enfermedad

El caso de la acupuntura resulta parecido; la única situación en la que se ha podido demostrar su eficacia es en el tratamiento del dolor, por lo que, en todo caso, deberían poner personal calificado en centros oncológicos para brindar apoyo a las clínicas del dolor que ya existen. Todos los demás usos de dicha terapia carecen de demostración científica.

Cada persona es libre de creer en cualquier tratamiento por extravagante o absurdo que le parezca a la medicina formal y acceder a los mismos, pero, en todo caso, debe ser a costa de su bolsillo.

El gobierno no tiene derecho a gastar ni un solo peso del dinero del pueblo en terapias que carezcan de evidencias claras en cuanto a su eficacia; hacerlo constituye un acto de irresponsabilidad y, quizá, hasta de corrupción si se puede comprobar el uso electorero de dichas estrategias.

Articular centros sanitarios fuera de las instalaciones de las unidades hospitalarias causan una pésima impresión en ese sentido. En cuanto a los resultados, los directivos sólo señalan el número de “atenciones” brindadas en el famoso centro, pero no se habla de la eficacia de sus terapias, porque, estoy seguro, no pueden decirnos nada al respecto.

Ojalá los políticos escucharan a los profesionales de la medicina.

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