Infecciones por listeria

Embutidos, jamones y sushi son ejemplos de productos que pueden contaminarse fácilmente.

Desde hace algunas semanas se reportan casos repetidos por infecciones causadas por un germen llamado Listeria Monocytogenes en varios países de la Unión Europea. Dinamarca y España se ponen de relieve respecto de dichas infecciones, y la prensa da cuenta de los detalles respecto de su génesis, diagnóstico y tratamiento. La citada bacteria vive normalmente en la naturaleza y existe cierta facilidad para que contamine alimentos frescos industrializados y empacados para consumo directo. Embutidos, jamones y sushi son ejemplos de productos que pueden contaminarse fácilmente arriesgando la salud humana.

Además, el germen tiene características que lo hacen especialmente resistente a condiciones adversas, por ejemplo, soporta las temperaturas de los refrigeradores caseros, incluso de algunos congeladores, desarrolla los llamados biofilms, que son capas muy delgadas de los gérmenes, que se unen entre sí formando una especie de película que se adosa fuertemente al alimento y hacen difícil su detección; también es capaz de resistir temperaturas de hasta 45 grados sin morir.

Asimismo, sobrevive en un rango muy amplio de pH, es decir en medios muy alcalinos o ácidos, lo que le confiere capacidad de permanecer en jamones muy salados, incluso sin la presencia de oxígeno. En suma, casi cualquier alimento puede estar contaminado.

En España, por ejemplo, hubo un brote en 2019 de un tipo de carne que condujo a 250 casos, entre los que hubo siete fallecimientos y causó algunos abortos. Hubo más recientemente un caso de pasteles de pescado contaminados en Dinamarca, que enfermó a siete personas, una de las cuales perdió la vida. Hay otro caso similar en Italia, también con menos de una decena de personas afectadas.

La infección, cuando ocurre en personas sanas,, cursa como una gastroenteritis leve, generalmente autolimitada, pero, tratándose de población susceptible —por ejemplo, adultos mayores, mujeres gestantes o personas con enfermedades crónicas— puede llegar a causar la muerte por septicemia.

Si bien es cierto son pocos casos, no se justifican en países con controles sanitarios muy estrictos, en lo que se refiere a la venta de alimentos industrializados, de ahí la preocupación de la agencia sanitaria europea.

En nuestro país, recientemente hemos sido testigos de una meningitis causada por un medicamento contaminado y tuvieron que morir más de diez personas para que se emitiera una alerta sanitaria con la consiguiente suspensión de actividades de los hospitales en los que ocurrieron las desgracias.

Aparentemente, la investigación forense no ha concluido o, por lo menos, no hay comunicados oficiales recientes respecto del asunto. Imaginemos ahora una contaminación que causa cuadros diarreicos benignos para la mayoría de quienes la padecen. No tengo que ser un genio para saber que, probablemente acá nos tardaríamos meses y muchos fallecimientos para percatarnos del problema, y no por falta de profesionalismo del personal de salud, sino por carecer de los insumos correctos para hacer un diagnóstico específico en un medio en el que los cuadros diarreicos son tan frecuentes.

Afirmar, como lo han hecho ahora los políticos, que tendremos un sistema mejor que el de Dinamarca, simplemente mueve a la risa y debemos tirar esas declaraciones al basurero de la demagogia.

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