Hacer responsables a las personas de su infección

Una buena parte de los países del viejo continente se enfrentan hoy a una situación epidemiológica novedosa. Ya he comentado en este espacio las consecuencias de la decisión de muchas personas en Europa respecto de no vacunarse contra la enfermedad covid19. Como ...

Una buena parte de los países del viejo continente se enfrentan hoy a una situación epidemiológica novedosa.

Ya he comentado en este espacio las consecuencias de la decisión de muchas personas en Europa respecto de no vacunarse contra la enfermedad covid-19.

Como decía en algún texto previo, cada persona tiene el derecho absoluto a no recibir el biológico, pero a lo que no tiene derecho es a continuar transmitiendo su infección y, con base en este razonamiento, las autoridades políticas los invitan a confinarse en sus casas y ahora no pueden acceder a sitios concurridos, porque se les solicita el certificado de vacunación

Al margen de comentar posteriormente el caso de un ciudadano italiano que intentó defraudar al sistema sanitario acudiendo a un centro de vacunación con un brazo falso para obtener el certificado, quiero comentar el asunto de los costos para los sistemas de salud.

  • Es un hecho demostrado que el grupo que carece de vacuna tiene enormes posibilidades de terminar en un hospital, bajo tratamientos más o menos complejos y que definitivamente pueden representar un costo muy grande para el Estado.

Hace pocos días se presentó una iniciativa que pretende que las personas no vacunadas que requieren tratamientos complejos por covid-19 paguen directamente con sus recursos el tratamiento.

En suma, el razonamiento es simple: tú elegiste el camino de no vacunarte, entonces tendrás que pagar tu tratamiento. Sinceramente suena sensato, todos y todas tenemos la libertad para elegir nuestro camino en la vida, pero cada decisión implica pagar un costo, y si nos ponemos estrictos, los demás ciudadanos no tendrían que pagar las consecuencias de las decisiones individuales, máxime si son por completo absurdas a la luz del conocimiento científico.

El problema se hace mucho más complejo desde el momento en que apreciamos, por ejemplo, las enfermedades derivadas del sobrepeso y la obesidad, que, por cierto, resultan carísimas para los sistemas de salud.

Bajo el mismo argumento podríamos concluir que esas personas tendrían que pagar también sus tratamientos, porque fue su decisión comer sin medida hasta llegar al extremo de enfermar, o que las personas que sufren un accidente automovilístico por falta de cuidado al conducir entrarían en la misma categoría.

  • Un principio elemental de solidaridad y comprensión hacia el conjunto de la sociedad impide que tomemos decisiones tan radicales, finalmente debemos entender que todos y todas tenemos también derecho a equivocarnos y elegir caminos absurdos e incomprensibles para la mayoría.

Los sistemas de salud deben responder también bajo esos principios y ponderar factores como la publicidad, que influye claramente provocando conductas autodestructivas, quitándole una parte de la responsabilidad al ciudadano.

Por supuesto, bajo la emergencia epidemiológica cuesta trabajo no apasionarse. Todos y todas quisiéramos ver el fin de la epidemia, todos y todas albergamos la esperanza de que, a corto plazo, podamos volver a lo que entendimos durante muchos años como la “vida normal”.

Sin importar el costo debemos continuar intentando convencer a quienes no desean vacunarse. Cada éxito en ese sentido se traducirá en muchas más personas vivas en un futuro inmediato.

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