Feministas obradoristas, la peor contradicción
El desencanto y la frustración han aparecido paulatinamente.
El hecho fundamental que condujo a López Obrador hasta la máxima posición de poder en México fue el rescate del discurso de los más desprotegidos y los más pobres del país. En ese enorme grupo de personas discriminadas, quienes se han llevado la peor parte, sin lugar a dudas, como lo han demostrado investigadoras de talla internacional, son las mujeres.
Como bien dice Martha Lamas, no existe peor situación en este país que ser mujer, adolescente y pobre. Ellas son el segmento social más discriminado, más maltratado, con peores perspectivas de futuro y, lo peor, sin voz. Absolutamente nadie tiene vocación por ellas, prácticamente nadie las menciona, no aparecen en ningún programa de gobierno, no articulan políticas públicas para evitar esa violencia social extrema.
Muchas personas albergábamos esperanzas respecto de un régimen nuevo que prometía una transformación profunda de las condiciones generales del país para favorecer a quienes más sufren, especialmente en el sentido de brindar alguna protección a ese grupo, históricamente agraviado.
Pensamos que lo razonable era empezar por protegerlas a ellas, y a todas las mujeres víctimas de diversos grados de violencia. El desencanto y la frustración han aparecido paulatinamente al entender dos hechos fundamentales: el primero es que la Cuarta Transformación sólo existe en la mente del Presidente, es decir, no se ha traducido en planes de gobierno concretos, cuando es algo que debería haberse manifestado en blanco y negro desde antes de empezar el gobierno. Y, en segundo lugar, poco a poco nos hemos enterado de una misoginia muy profunda del personaje, hasta el extremo ridículo, en el que el señor López Obrador ni siquiera es capaz de pronunciar la palabra feminismo, como si fuera un veneno que lo fulminara en el acto.
Como muchos machines irredentos, le tiene miedo a las mujeres, lo cual carecería de importancia si existieran planes de gobierno transversales que obligaran a todas las áreas gubernamentales a ponderar los valores que defiende el feminismo, así como asumir bajo todas las circunstancias la defensa de sus derechos, pero hemos comprobado que nada de eso existe. Tristemente, cada día este régimen se parece más a foxilandia, es decir, a la impresión que tenía Vicente Fox a mediados de su mandato, cuando decía que todo iba bien y el país se caía a pedazos. No hay una política de Estado estructural con las miras puestas en la defensa de la mujer.
El Presidente responde con frases de consigna política por completo vacías y carentes de significado; repite sistemáticamente que hoy están muchas mujeres en posiciones de poder, lo cual, por supuesto tiene valor, pero no tiene ningún impacto en la defensa de las más desfavorecidas. La valla que mandó colocar en Palacio Nacional para impedir el paso a manifestantes es muy significativa: no quiere tener contacto con ellas, no las quiere ver, no desea enterarse siquiera de sus justificadas demandas. Cuando le preguntan acerca de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres contesta con las evasivas más elementales. Es un tema que le molesta, a pesar de la enorme y creciente cantidad de feminicidios en el país sin respuesta gubernamental.
Entiendo que las mujeres encumbradas en la política nacional, que hoy tienen poder, intenten matizar el asunto, pero llegar al extremo de afirmar que existe un “feminismo obradorista” me parece que es caer francamente en el ridículo. Ojalá se percaten y muestren algo de solidaridad de género y hagan suya la protesta de tantas mujeres profundamente agraviadas. No podemos seguir siendo el país de un solo hombre.
