Estrategia contra la extorsión
Pocas cosas nos hacen sentir tan abandonados a nuestra suerte y sin posibilidad de recibir ayuda de nadie como los mecanismos utilizados por los delincuentes en el México de hoy para intentar robarnos. Ya no es un tema cuyas víctimas pertenezcan a clases sociales ...
Pocas cosas nos hacen sentir tan abandonados a nuestra suerte y sin posibilidad de recibir ayuda de nadie como los mecanismos utilizados por los delincuentes en el México de hoy para intentar robarnos. Ya no es un tema cuyas víctimas pertenezcan a clases sociales poderosas, sino por el contrario, cualquier persona nos convertimos en víctimas cotidianas. Hace menos de un año recibí una llamada que me aterrorizó especialmente, sabían mis datos básicos, se ocuparon de amenazarme con matarme en caso de no depositar una cierta cantidad de dinero en una cuenta.
Afortunadamente mi reacción fue precavida antes de transferir dinero y mis redes de apoyo me condujeron a consultar a autoridades que me aseguraron que no corría ningún peligro; esas llamadas provienen de reclusorios, por lo que es imposible que ese personaje acudiera a mi oficina para hacerme daño. Era cierto, pero el mecanismo lo tienen estudiado y en un cierto número de casos obtienen el dinero. Desde hace años el fenómeno viene al alza sin que la autoridad hubiera hecho absolutamente nada por lo que parecía tierra de nadie y por completo fértil para la delincuencia.
De hecho, a partir de aquella llamada hasta hace un par de semanas yo estaba recibiendo en mis teléfonos, tanto del consultorio como personal, entre dos y tres llamadas por semana con fines de extorsión, recurriendo a diversos mecanismos. Solicitando, por ejemplo, un número que llega por mensaje de texto que les permite a los delincuentes acceder a mis mensajes, inventando el retraso de un paquete de algún servicio de mensajería, hasta fingiendo una voz femenina que me dice: “Papá, se metieron a la casa” con voz angustiosa.
Ya era tan frecuente que entré en un episodio de cinismo franco y abierto, que me condujo a burlarme de los personajes, frente a lo cual cortan la comunicación, pero el asunto parecía por completo fuera de control hasta hace unos días, cuando el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, anunció una estrategia gubernamental para combatir el ilícito. Al día siguiente del anuncio se comunicó a la prensa la aprehensión de la primera banda de delincuentes y, curiosamente, las llamadas, por lo menos a mis teléfonos, cesaron por completo.
Evidentemente, se trata de bandas organizadas que no ejercen violencia real casi nunca porque carecen de la posibilidad de hacerlo, más bien sólo han perfeccionado la violencia verbal por el teléfono, así como el amedrentamiento de sus víctimas y, frente al anuncio del gobierno, ahora son ellos los que sienten miedo a ser atrapados. Se requería, por supuesto, capacidad policiaca, pero especialmente de voluntad para hacerlo, porque los datos para perseguir a los responsables son fáciles de obtener; es decir, el teléfono del perpetrador y su cuenta de banco quedan a la vista de quien quiera perseguirlos.
Desde luego, es muy atinada la estrategia, y marca una diferencia muy fundamental de la administración federal vigente respecto de la previa, que le permitió a la delincuencia hacer lo que quisiera.
Por lo pronto, como ciudadano, agradezco la decisión y la estrategia de marras.
