Esperando a Tláloc

Hace años, cuando el partido que hoy gobierna la CDMX era oposición, se regodeaban frente a las crisis recurrentes de contaminación atmosférica en la ciudad de México, afirmando que el gobierno en turno estaba esperando la solución de Tláloc, refiriéndose a la ...

Hace años, cuando el partido que hoy gobierna la CDMX era oposición, se regodeaban frente a las crisis recurrentes de contaminación atmosférica en la ciudad de México, afirmando que el gobierno en turno estaba esperando la solución de Tláloc, refiriéndose a la lluvia, que, en el caso de esta metrópoli, se presenta anualmente en los meses de más calor, aminorando los efectos de la contaminación y, por tanto, el riesgo que determina a la salud humana. El presente año ha sido especialmente anormal en cuanto al asunto climático en todo el país y, por supuesto, en la ciudad, de tal forma que casi no se han presentado las hoy deseadas precipitaciones pluviales, permaneciendo unas temperaturas tan elevadas que muchas personas están instalando equipos de aire acondicionado en sus viviendas, pero adicionalmente el efecto sobre los contaminantes resulta catastrófico.

La radiación solar tiene un efecto sobre los gases derivados de los hidrocarburos que provoca la elevación de otro gas llamado ozono, que en concentraciones bajas no representa riesgo, pero al elevarse puede afectar la salud seriamente.

Todavía no hay suficientes estudios científicos que permitan saber con precisión en número de muertes causadas por los contaminantes atmosféricos en la Ciudad de México, pero los datos a la fecha parecen indicar un número importante, además de una cantidad también muy grande de personas que ya padecen alguna enfermedad pulmonar y cuya evolución se agrava como consecuencia.

Ahora, por supuesto, supongo, no les hace gracia que los ciudadanos les recordemos que no deben seguir esperando al dios Tláloc, sino que se requieren y urgen acciones gubernamentales sensatas para poder lidiar con un problema creciente. No sólo se trata de favorecer la comercialización y el uso de los autos eléctricos, sino de pensar en cambiar toda la infraestructura urbana de transporte. En las grandes capitales europeas, por ejemplo, se tiende a no utilizar automóviles de ningún tipo, y favorecer el uso sistemático del transporte público; hecho que sí resuelve en gran medida el problema, pero, por supuesto, requiere de proyectos modernos, inversión y voluntad política para contratar equipos de personas altamente calificadas.

Hace ya muchos años que no se amplían las redes de metro y Metrobús y la ciudad sigue creciendo, el programa de verificación vehicular ha sufrido pocos ajustes y adicionalmente los habitantes de la capital hemos adquirido más vehículos para esos momentos de “contingencia ambiental”, nulificando los beneficios de la restricción en la circulación. Se requiere entonces todo un cambio de mentalidad, cultura y política pública de forma urgente para lidiar con el enorme problema subyacente. Nuestros políticos no han demostrado ni capacidad ni altura de miras para proponer soluciones adecuadas.

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