Escuchar a la sociedad

Si un grupo de estudiantes de muchas universidades levantan la voz en contra, por ejemplo, de la reforma judicial, debe ser porque no saben leer (lo que, por cierto, cuestiona gravemente el sistema público educativo)

La provocación es un mecanismo que han utilizado los políticos de muchas tendencias a lo largo de la historia y tiene efectos notables sobre la sociedad, debido a la capacidad para reaccionar de las personas. Desde un punto de vista simple, el personaje público lanza una frase que, de inicio, no parece tener una intención provocadora, pero contiene conceptos que pueden ser ambiguos o representar dilemas no resueltos.

En cuanto aparecen las primeras reacciones encontradas, el político lanza diatribas, frecuentemente inventadas, contra grupos o, en el peor de los casos, contra personas específicas, aunque eso represente un inenarrable abuso del poder, pero las mayorías no reparan en eso, sino en la resonancia del discurso sobre su vida, sin importar las soluciones o agresiones injustificadas lanzadas por el político.

El resultado de hacerlo a diario, colocándose el Presidente de la República, en un lugar como si él mismo fuera oprimido (el colmo del ridículo, dado que se trata de un hombre muy poderoso) lo podemos apreciar, en el resultado de la elección reciente, en la que la candidata oficial ganó de forma arrolladora.

Por supuesto, el mecanismo incluye nunca escuchar las demandas sociales legítimas sobre ningún problema, la visión del gobernante parece ser la única fuente de legitimidad y, por lo tanto, cualquier punto de vista divergente debe ser por completo erróneo o, por lo menos, tratado como si lo fuera desde las altas esferas del poder.

Entonces, si un grupo de estudiantes de muchas universidades levantan la voz en contra, por ejemplo, de la reforma judicial, debe ser porque no saben leer (lo que, por cierto, cuestiona gravemente el sistema público educativo) o, porque se trata de un grupo de subnormales a quienes sus profesores manipulan con intenciones oscuras y malsanas. No hay lugar para el disenso y mucho menos para una discusión fructífera que redunde en un resultado mejorado de las propuestas del amado líder.

Por supuesto el México de hoy no está gobernado por un dictador, es un Presidente legítimo que ganó limpiamente en las urnas, al igual que la presidenta electa la doctora Claudia Sheinbaum, pero continuar hasta el infinito utilizando este tipo de mecanismos que garantizan que, en todo momento, prevalezca la voluntad del jefe o jefa máxima, sí podría conducirnos hacia un régimen parecido al que padecimos con la “dictadura perfecta” del PRI, que pudo gobernar durante muchas décadas.

Yo creo que la próxima Presidenta no debe alejarse de la sociedad y nunca dejar de escuchar los argumentos sin importar quién los esgrime. Ésa es una actitud realmente científica. Personalmente albergo la esperanza de que así ocurra.

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