Epidemia de Meningitis en Durango

La carencia de especialistas en grandes áreas de nuestra geografía es un reflejo de la falta de entendimiento del fenómeno global

Se reportan en las últimas semanas, en la prensa nacional, decenas de casos de una patología muy grave en el norteño estado de Durango, México.

Se trata de mujeres jóvenes, en edad de procrear, que después de alguna intervención obstétrica se presentan a diversos servicios de urgencias con síntomas parecidos a los de una infección del cerebro o la médula espinal.

Por supuesto, la sospecha inicial debe girar en torno al acto anestésico, en vista de que los médicos utilizamos técnicas de bloqueo del dolor sólo en alguna región del cuerpo, lo que incluye, por supuesto, la administración de fármacos en la médula espinal.

Después de muchos casos y algunas muertes, la autoridad sanitaria encontró aparentemente la explicación, con algunas evidencias que señalan a un fármaco contaminado de los que se utilizan en las técnicas involucradas.

La verdad es que es de celebrarse que se encuentre la causa, para tomar medidas severas contra el fabricante del medicamento, lo que me causa una franca incomodidad es la dilación.

Fue necesario que hubiera decenas de casos con varias mujeres muertas para llamar la atención de las autoridades, cuando, en cualquier país desarrollado, con un par de casos inexplicables se hubiera detonado un mecanismo rápido de investigación.

Por supuesto, no pretendo poner en tela de juicio a los profesionales encargados, pero sí las decisiones de política pública que deciden los presupuestos asignados a la vigilancia de la calidad de la medicina, tanto en el ámbito local como federal. La perspectiva de los políticos respecto de la salud parece cada día más obtusa, rayando en el ridículo.

Para el Ejecutivo federal actual, el tema de salud parece reducirse a la existencia de un doctor, eso sí con su estetoscopio, y unas cajas de medicinas. Carece por completo de un concepto global vigente y moderno de lo que significa la inversión en salud.

La preservación de la salud hoy depende de múltiples mecanismos que debe proveer el Estado para otorgar estrategias preventivas, curativas y vigilancia de todos los aspectos técnicos involucrados.

La carencia de especialistas en grandes áreas de nuestra geografía es un reflejo de la falta de entendimiento del fenómeno global. Carecemos de los insumos más elementales, pero también de una vigilancia eficaz. Ya estamos muchos y muchas esperando el final de la actual ineficiente administración para proponer nuevos mecanismos. Nos urge.

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