Las enfermedades degenerativas en el panorama actual

Raymundo Canales de la Fuente
Bioética y biopolítica
Con el incremento tan importante en el último siglo en la esperanza de vida, han aparecido muchas de las llamadas enfermedades degenerativas. Son un grupo enorme de patologías que parecen tener que ver con la longevidad; es decir, el cáncer, por ejemplo, es mucho más común en la tercera edad e igualmente la hipertensión, la diabetes, la insuficiencia renal. Todos los aparatos y sistemas parecen agotarse con el paso del tiempo y empiezan a fallar con el correr de los años.
El contraste es brutal, mientras la esperanza de vida a nivel global empezando el siglo XX era de 31 años, el día de hoy se establece alrededor de los 73. En un siglo hemos alcanzado más del doble, y la aparición entonces de todas esas enfermedades, paradójicamente es producto de los avances científicos en vacunas, y antibióticos fundamentalmente. Sorprende la aparición ahora de grupos e individuos muy influyentes (como el presidente estadunidense) que se definen como “antivacunas” que no es otra cosa que sostener argumentos falaces y ridículos contra las vacunas, que desde luego les han permitido, a ellos mismos, vivir tantos años.
Los países con mayor índice de desarrollo humano, cuyas poblaciones de forma generalizada reciben atención a la salud de forma eficiente, están transformándose rápidamente porque las y los jóvenes no están teniendo hijos; la combinación en muchos sentidos está resultando catastrófica. Por un lado, un enorme grupo de personas que alcanzan la vejez y, por lo tanto, la sociedad debe pensionarlos por el trabajo productivo de tantos años y, por otro, una carencia cada vez más importante de personas jóvenes que ocupen los puestos de trabajo que permiten la generación de riqueza indispensable para sostener las pensiones de la gente mayor. Además, debo mencionar que la medicina ha incrementado mucho sus costos debido a los avances científicos vertiginosos de las últimas décadas, hasta un punto en el que resulta insostenible financieramente solventar los mejores tratamientos para todas y todos los integrantes de un país o una sociedad. Parece un escenario francamente crítico que se dirige peligrosamente a la catástrofe global, sin que aparezcan respuestas sensatas y centradas que permitan mantener la esperanza.
La industria farmacéutica, por su lado, está concentrada en los grupos de medicamentos que puedan representar las utilidades más jugosas; puedo citar, sin temor a equivocarme, el desarrollo gigantesco de los biológicos contra el cáncer o los análogos GLP1, que están resultando muy eficaces para tratar el sobrepeso y la obesidad. El enorme problema los costos son tan elevados que resultan imposibles de adquirir para la inmensa mayoría de las personas del orbe.
Desde luego, la racionalidad, la utilización de fórmulas que nos permitan evaluar el mejor costo-beneficio caso por caso son herramientas indispensables para la toma de decisión, pero hacen falta también políticas públicas agresivas que permitan limitar las enormes utilidades de la industria en beneficio de las mayorías que, de otra forma, quedarían indefensas frente al enorme poder económico de las corporaciones. El peso de una política socialdemócrata, con las miras puestas en la protección de las mayorías frente al abuso debería dominar los escenarios gubernamentales, pero por el contrario la tendencia mundial parece dirigirse a políticos abusivos a quienes no les importan las personas. Así es la derecha actual en muchos sentidos. Ojalá podamos encontrar soluciones sensatas