En salud, con las ideas no basta
Uno de los temas centrales que intentó solucionar el gobierno fueron las compras de insumos, que significan a veces sangrías injustificadas a los ya de por si escasos recursos.
Al inicio de la administración federal actual, personalmente sentí alivio cuando una de las ideas centrales consistía en entender al otorgamiento de servicios de salud como un derecho fundamental.
Por supuesto es un punto de partida interesante y que, paulatinamente se ha abandonado en las sociedades occidentales modernas, básicamente por las presiones ejercidas, tanto por el libre mercado como por los costos exponencialmente crecientes de la medicina moderna. Es decir, incluso muchos Estados financieramente potentes son cada día menos capaces de financiar la salud de sus habitantes.
En un país como México, con una economía todavía débil y enormes segmentos de la población en pobreza, el asunto se antoja todavía más complicado, especialmente contando con instituciones sanitarias muy ineficientes, débiles y todavía plagadas de corrupción hasta el día de hoy.
Uno de los temas centrales que intentó solucionar el gobierno fueron las compras de insumos, que significan a veces sangrías injustificadas a los ya de por si escasos recursos. Para afrontar el tema, en lugar de haber articulado equipos profesionales de expertos, se acudió a un organismo internacional, que no tenía ninguna obligación temporal, como apoyo para efectuar compras consolidadas de medicamentos. Por supuesto, el resultado, como se podía anticipar, fue malo y a destiempo. La salud no puede esperar mecanismos burocráticos internacionales; la niña con apendicitis se debe operar en cuestión de horas o corre peligro de morir, al igual que un enfermo de enfermedad diverticular del colon. Claro que no todo es una urgencia tan absoluta, pero tampoco una paciente con cáncer puede esperar dos años para tener a la mano los elementos quirúrgicos y de tratamiento. La solución en ese ámbito, si bien tenía buenas intenciones, resultó en un fracaso. Todavía hoy, después de cuatro años, hay retrasos y faltantes en muchas áreas de la salud pública, hecho francamente inaceptable.
Un ejemplo positivo del actual gobierno consiste sin duda en el programa de vacunación contra covid-19, que demostró un funcionamiento rápido, poniendo al acceso de enormes grupos de población en toda la geografía nacional, el biológico, de tal forma que hoy se encuentra inmunizada una gran parte de la población. Para lograr esa magnitud se aprovecharon muchas cosas: personal de salud entrenado, expertos con experiencia en vacunación y una infraestructura históricamente adaptada para la distribución y manejo de vacunas. Nuestro país, hasta hace unos diez años, tenía unos porcentajes de vacunación infantil ejemplares, entonces se aprovechó a todo ese personal para adaptar la distribución y aplicación de un nuevo biológico, reforzando el mecanismo hasta con los militares para no dejar zonas apartadas sin vacunas.
El asunto de la asignación de recursos para la salud también ha sido inadecuado. Los presupuestos de los últimos años han decrecido en términos reales, cuando resulta evidente que se deberían estar incrementando de forma muy importante para representar efectivamente un derecho. El próximo gobierno va a enfrentar un problema peor, por lo menos en términos de la administración más los que se agreguen en el cierre del sexenio.
