Embarazo y lactancia, determinantes de obesidad infantil
Hay que evitar, por ejemplo, el uso sistemático de la alta fructuosa.
Hace unos días apareció un estudio en una de las principales revistas médicas del orbe, el British Medical Journal, que reporta un estudio de cohorte (es decir en el que se incluye a todas las mujeres en una cierta condición) cuyo objetivo fue describir el desarrollo de obesidad infantil en función de la dieta de las mujeres durante la gestación y la lactancia de sus vástagos. Los resultados son alarmantes porque demuestran que 12% del total de infantes desarrollaron obesidad y un porcentaje muy importante de esos menores, cerca de 30%, tuvo madres que consumieron exceso de calorías y alimentos ultraprocesados durante el embarazo y la lactancia. Comparando con el grupo de mujeres sin consumo de dichos alimentos el riesgo es enorme, porque no sobrepasaron 2%.
Los hallazgos ocurrieron en un estudio multicéntrico norteamericano en el que se han analizado datos obtenidos de una muestra enorme de cerca de 120 mil mujeres enfermeras que han dado a luz a lo largo de 10 años y han colaborado al llenar cuestionarios desde la gestación hasta la fecha. Los autores mencionan un incremento muy alarmante de obesidad infantil en la Unión Americana y plantean esta hipótesis como posible explicación del fenómeno. Es claro que poblaciones empobrecidas recurren hoy al consumo de alimentos ultraprocesados, porque resultan baratos y de fácil consumo, situación que atestiguamos en México desde hace más de una década sin que existan esfuerzos sistemáticos como estudios de cohorte ni políticas públicas sostenidas. Durante la presente administración federal se han articulado algunas campañas, por supuesto plausibles, orientadas a la prevención de la obesidad infantil intentando alejar este tipo de alimentos de las niñas y niños, limitando la venta en los centros educativos, pero frente a las evidencias urge articular una política de Estado transversal a todo el gobierno federal, sensata y evitando confrontaciones. No resulta razonable simplemente estigmatizar a algún industrial o empresa, hay que negociar con ellos para evitar, por ejemplo, el uso sistemático de la alta fructuosa y obligarlos a cambiar formulaciones de alimentos aunque implique alguna limitación de sus utilidades.
Respecto del asunto del embarazo y lactancia es evidente que los esfuerzos han sido infructuosos, la prevalencia de diabetes gestacional y las cifras lamentables de lactancia exclusiva al seno materno hacen patente la carencia de políticas bien orientadas y acompañadas de cambios en la normatividad urgentes. Menciono el simple hecho de que no se ha prohibido el acceso de la industria a los centros de nacimiento, de tal forma que hoy, prácticamente en todos los cuneros del país, podemos ver fórmulas sustitutivas de la leche materna ofreciéndose a todos los recién nacidos. Eso es simplemente un atentado a la salud de la infancia. En todos los países que se dicen democráticos, la industria simplemente no puede entrar a los hospitales. Adicionalmente, se requiere aprovechar y agregar al etiquetado, que tanto trabajó costó lograr, el símbolo de prohibición del consumo a las mujeres embarazadas.
