Embarazo adolescente
Cada día resulta más triste contemplar al gobierno como testigo inútil de los grandes problemas nacionales
Pocos fenómenos reflejan tan claramente la discriminación sobre un segmento de la población como lo hace el embarazo en las menores de edad. Para que ocurra se necesitan muchas condiciones que giran en torno al inicio de la vida sexual de forma forzada o voluntaria, además de la carencia sistemática de métodos de control de la fertilidad, bajo cualquier circunstancia.
Al inicio de la actual administración, se apreciaron algunas campañas en medios de comunicación dirigidas a las y los jóvenes con el objetivo de crear conciencia acerca del inicio responsable de la sexualidad que, por cierto, han demostrado su eficacia, pero, por supuesto, no basta.
Desde hace algún tiempo no escucho ningún mensaje relacionado, por lo que sospecho que carecen de presupuesto para continuar con las campañas, pero, simultáneamente, resulta indispensable la inclusión de contenidos en temas de salud sexual y reproductiva dentro de los programas educativos y libros de texto.
El otro aspecto, muy necesario, consiste en la disponibilidad de métodos de control de la fertilidad dentro de los ambientes frecuentados por los menores.
Hace años se inauguró una sala en el Museo Universum, en la UNAM dedicada a las y los adolescentes, cuyos contenidos consistían en provocaciones dirigidas a ellas y ellos con las miras puestas en la reflexión y la responsabilidad del ejercicio de la sexualidad. Todos estos esfuerzos deberían estar multiplicados hasta lograr acceder a todas las personas de esas edades, especialmente en un gobierno que se dice de izquierda.
Por supuesto, los presupuestos en salud se vieron gravemente afectados por la pandemia y sus secuelas, pero un tema tan fundamental, que afecta de forma tan grave la vida de miles de niñas y mujeres, de ninguna manera debería verse perturbado por las restricciones presupuestales.
Hay prioridades y, sabiendo que la maternidad temprana condena a esas niñas a la pobreza material y educativa, debería ser un asunto de urgente atención para el gobierno, fortaleciendo la transversalidad de los programas asegurando su impacto.
Cada día resulta más triste contemplar al gobierno como testigo inútil de los grandes problemas nacionales. La verdad es que la reforma electoral carece de importancia comparada con éstos asuntos. Penoso y mediocre desempeño.
Difícil entender que quizá podamos enderezar el camino hacia una sociedad que no discrimine a las adolescentes, nos asegure que no sean objeto de abuso, y nos garantice las mejores condiciones para su desarrollo.
