El indeseable uso de la violencia

Cerca de 99% de delitos se quedan sin castigo.

México vive hoy una de las peores crisis en términos de seguridad pública y violencia generalizada originada por grupos criminales sin control, junto con unos niveles de impunidad que prácticamente le dan certeza a los delincuentes respecto a que nunca serán castigados. Para aparentar que el gobierno hace algo diseñaron una estrategia de comunicación que se llama “impunidad cero" que parece una mala broma cuando los expertos señalan niveles cercanos al 99% de delitos que se quedan sin responsables y, por lo tanto, sin castigo. El Estado mexicano está francamente lejos de la “cero impunidad". Bajo esas circunstancias, ocurrió hace un par de días la captura de un criminal que representa una de las cabezas visibles del narcotráfico, que además resulta hijo de otro criminal que se encuentra preso en el extranjero. Al margen de la reflexión válida de Ricardo Raphael respecto a los determinantes del personaje para dedicarse al ilegal comercio y fabricación de drogas, queda claro que una de las formas mediante las cuales el Estado debe propiciar el orden es obligando a todas y todos a la observancia de la ley, inclusive mediante el empleo de la violencia cuando esté justificada.
En los medios de comunicación pudimos apreciar escenas  que parecen haber sido tomadas en alguna zona de guerra, con bombardeos desde helicópteros (de los que, por cierto, se había burlado el Ejecutivo federal), pero constituían la captura del personaje. En un operativo largamente planeado, con una estrategia militar bien articulada, tomando en cuenta todos los factores, como la respuesta del grupo delincuencial, llevaron a cabo todas las acciones necesarias para tomar preso al criminal y entregarlo a la justicia.

Como en cualquier captura tan compleja, ocurrieron decesos, tanto de las fuerzas del orden como del lado de los delincuentes, pero no existía otra solución, a pesar del valor de los derechos humanos como argumento central de la actuación del gobierno. Poner de manifiesto que el gobierno está fundamentalmente para brindarnos seguridad a los ciudadanos, requiere que ocasionalmente ocurran esas lamentables capturas, que, por supuesto, deben ir de la mano con un trabajo sistemático en el combate a las causas de la comisión de delitos.

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Hablando específicamente del narcotráfico, ocasionado principalmente por la crisis de la oxicodona en los Estados Unidos, a partir de la cual sólo han visto incrementar el número de personas fallecidas por sobredosis, se debe poner sobre la mesa de negociación lo que ha señalado de forma valiente el presidente colombiano respecto de la despenalización de las drogas. Por supuesto, mientras tanto no se puede dejar de combatir a los grupos criminales, pero mientras no se despenalice no habrá la mínima esperanza de disminuir el consumo y, por lo tanto, las muertes. El fentanilo pone especial relevancia al asunto. Es tan letal que con incrementar unos cuantos miligramos la dosis, el individuo pierde la vida. Si existieran controles sanitarios para proveer los fármacos se podrían prevenir miles de muertes, además de hacer lo posible para integrar a los consumidores a servicios de rehabilitación. El enfoque vigente de prohibir, sólo propicia el crecimiento del comercio y ahora la fabricación de las sustancias que hoy son ilegales.

México debería hoy, estar colocando en la mesa de negociación con EUA y Canadá el tema, pero nuestros políticos creo que no dan para mucho más.

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