El dilema de la migración
América Latina, con sus gobiernos populistas y mentirosos, ha favorecido el incremento de las diferencias sociales dejando a enormes proporciones del continente en la pobreza
Algunos economistas hicieron predicciones al final del siglo XX planteando que uno de los fenómenos más delicados del siguiente siglo (es decir, en el que estamos) serían las hordas de personas migrantes por hambre, guerras o cambios climáticos. Parece que la predicción se cumple enteramente; diversas regiones del orbe presentan fenómenos migratorios de millones de personas que dejan su terruño para aventurarse a lo desconocido.
Para asumir un camino tan extremo son necesarias condiciones igualmente al límite en el que familias enteras se mueven con rumbo a países que les parece pueden ofrecerles alguna mejoría respecto de lo que viven hoy. Ya están descritas muchas condiciones resultantes directamente del cambio climático; el sobrecalentamiento del planeta es la causa de sequías extremas, inundaciones, huracanes, deshielos y muchos otros fenómenos que afectan la vida de las personas hasta el punto en que no es posible sobrevivir. Adicionalmente, tenemos nuevos escenarios de cruentas guerras, Ucrania es un ejemplo, que orillan al éxodo de enormes grupos humanos buscando refugio frente a las balas.
América Latina, con sus gobiernos populistas y mentirosos, ha favorecido el incremento de las diferencias sociales dejando a enormes proporciones del continente en la pobreza, hasta el extremo en el que muchas personas ignoran si el día de mañana podrán comer. Se trata de muchos millones, que en su mayoría se conforman con esa miserable existencia, y sólo unos cuantos (que proporcionalmente son algunos millones) arriban a la conclusión de que necesitan cambiar de país, por supuesto mirando al norte, debido a la imagen falsa del sueño americano, que significa que cualquier persona que se esfuerza verá realizado su sueño de una vida con las necesidades mínimas cubiertas. El sueño es claramente falso, porque cada día hay más personas en EU viviendo en pobreza a pesar de ser una de las economías más grandes.
Por supuesto, todas las agencias y organizaciones humanitarias señalan la enorme cadena de abusos de las que son víctimas en el camino, la mayoría a través de México, que, ocasionalmente llegan al extremo de ser asesinados en manos del gobierno. De cualquier manera, no existe forma razonable de permitir el libre paso de millones de personas, a sabiendas de que no se les permitirá el ansiado acceso a EU, pero tampoco México tiene capacidad económica ni en términos de infraestructura para dar cabida, empleo y servicios de manera masiva a esos enormes grupos humanos. Para colmo, el gobierno mexicano, desde hace algunos años, aceptó bajo condiciones indeseables, convertirse en el muro de contención de Estados Unidos, es decir, que aquel país expulsa de regreso al sur del río Bravo a todos aquellos que no acepta; por desgracia la inmensa mayoría.
El dilema radica en que bajo la perspectiva de los derechos humanos debemos como Estado respetar a las personas, brindándoles condiciones mínimas de cuidado y servicios, pero carecemos de los medios para hacerlo, y mucho menos para brindarles opciones laborales. Ocurre en todo el orbe; Europa tampoco tiene la capacidad para recibir a la mitad de África, y de esa manera podemos disecar la realidad en cada región, encontrando lo mismo. Les debemos respeto a los migrantes, pero no tenemos capacidad para recibir más que a una muy pequeña proporción.
La solución no parece fácil, acá en México los políticos dicen que hay que propiciar el desarrollo de las regiones expulsoras de migrantes, pero no lo pueden hacer ni siquiera en su propio país.
