El cuento del lobo feroz

Las personas mataron lobos por millones, simplemente por ser lobos, sin identificarse nunca ataques o mordidas hacia seres humanos; es decir, por un prejuicio la gente los mata, hasta el día de hoy.

Con seguridad, todos y todas en la infancia escuchamos alguna historia, cuento infantil o novela que hace referencia a algún personaje que alberga maldad y se traduce en forma de un lobo. La cultura occidental tiene muchas historias y formas de expresar la maldad, la oscuridad, la traición, el engaño, lo diabólico, lo feroz, y las ganas de matar; identificándolas universalmente con un ente de la naturaleza, el lobo. En él descansan todas esas percepciones, que han conducido a la humanidad prácticamente a terminar con su existencia. Hace más de un siglo, los lobos deambulaban libres por los escenarios naturales prácticamente de todo el planeta y se habían adaptado a vivir desde condiciones de hielos eternos, como el lobo ártico, hasta lugares cercanos al desierto; y frente a esta percepción humana, carente de bases objetivas, las personas se dedicaron a exterminarlos sin cuestionarse prácticamente nada y sin miramientos. Las personas mataron lobos por millones, simplemente por ser lobos, sin identificarse nunca ataques o mordidas hacia seres humanos; es decir, por un prejuicio la gente los mata, hasta el día de hoy.

La experiencia en el parque norteamericano de Yellowstone es profundamente ilustrativa. Hace pocos años alguien se percató de que ya no había un solo lobo, y se corroboró inmediatamente que estaban extintos en toda la zona del parque y sus alrededores. La ecología de la reserva parecía muy alterada, había un exceso de herbívoros, por lo que muchas plantas estaban también siendo arrasadas. Los expertos decidieron reintroducir a los lobos, hecho que cambió toda la faz del parque. La vegetación regresó, los cuerpos de agua se recuperaron, globalmente la mejoría fue muy ostensible, claramente gracias a los lobos, que además nunca han hecho daño a persona alguna.

Las redes sociales, y los medios de comunicación actuales han también provocado que cada día existan más experiencias individuales de muchas personas que han tenido contacto, casual o intencional con lobos en muchos lugares del planeta y todos reportan lo mismo: parecen ser criaturas extremadamente amorosas, muy inteligentes, de naturaleza familiar, con estructuras sociales complejas y sofisticadas formas de comunicación. Hay todo tipo de anécdotas, desde un británico que decidió irse a vivir con una manada de lobos que lo adoptaron como parte del grupo, hasta señoras que se han encontrado en el bosque, lo que supusieron era un cachorro de perro, y no fue sino hasta que fue adulto se enteraron que era un lobo gris.

La constante, como ya mencioné es que nunca han atacan o muerden a nadie. Además, muchas personas han dado cuenta de la capacidad ilimitada que tienen para convivir y adaptarse a vivir con perros, con los que se pueden reproducir, dando lugar a descendencia también fértil.

Los estudios genéticos contemporáneos han demostrado que no existe diferencia genética con los perros, por lo que muchos biólogos expertos están concluyendo que se trata de una sola especie. Los lobos se clasifican como Canis lupus y el perro doméstico como Canis lupus familiaris, pero parece que dicha división no tiene sentido. De hecho, es una sola especie de animal, y la única diferencia es que unos han sobrevivido en la naturaleza y los otros son mucho más dependientes de las personas, pero se trata de una sola especie. De ahí la capacidad que presentan para adaptarse al entorno humano.

Por supuesto que ha habido algunos accidentes con lobos y perros-lobo que, bajo alguna circunstancia extraña, han mordido a personas, pero, en todo caso, en mucho menor proporción que algunas razas de perros muy agresivos; aunque eso no impide una pregunta ética fundamental, que es en torno a la validez de seguir cruzando lobos con perros. Si se trata de la misma especie, yo pienso que no deberían existir objeciones.

Temas:

    X