El azúcar en medio del caos
La alta fructuosa, que se utiliza como endulzante para múltiples alimentos y bebidas en México, es tóxica.
El estilo del liderazgo del presidente Trump ciertamente parece caótico, pero cada día que pasa me percato de que no lo es. En muchas circunstancias tiene sentido y se nota la consecución de objetivos definidos previamente; lo que se logró previniendo una guerra generalizada y prolongada entre Israel e Irán, a mi juicio, lo demuestra.
Con el tema del azúcar también se puede entender el trabajo en favor de la salud. En la semana que terminó pudimos apreciar la negociación directa de la Casa Blanca con los dirigentes de la empresa Coca-Cola para sustituir el jarabe de alta fructuosa por azúcar de caña, que, en caso de lograrlo, va a significar un avance sustantivo para la salud pública.
En este espacio he abordado en varias ocasiones lo relativo a la toxicidad comprobada y comprobable de la alta fructuosa que se utiliza como endulzante para múltiples alimentos y bebidas en México, debido a los bajos costos que representa en comparación con el azúcar de caña y su enorme poder adictivo. Es muy difícil forzar y mucho más convencer a la industria de abandonar esa opción que significa enormes utilidades, lo malo es que sean a costa de la salud y la vida de millones de personas que consumen esos productos.
La Unión Americana no tenía una política federal en este tema, si bien ya varios estados habían puesto restricciones al jarabe de alta fructuosa, en muchos otros se seguía usando de forma regular; ahora la intervención presidencial va a determinar lo que sospecho será una tendencia generalizada para abandonar ese tóxico para regresar al azúcar de caña, que si bien también tiene muchas calorías, es mucho menos tóxica.
Desde luego, habrá quien lo vea como un discurso vacío lleno de retórica, pero yo sospecho lo contrario, porque aquí no veo la manera de conseguir seguidores o votantes nuevos, de hecho me parece que podría arriesgarse el presidente Trump al efecto contrario, es decir a perder popularidad en caso de no manejarse bien la campaña de comunicación respecto del tópico.
En México hemos hecho esfuerzos, como el etiquetado de alimentos y bebidas envasadas que, sin duda, han aportado un escenario menos dañino a la salud, pero tendríamos que diseñar un plan de acción para enfrentar el tema con argumentos científicos y de salud pública incuestionables que permitan regular mediante legislaciones centradas y sensatas para conseguir objetivos parecidos en términos de regresar al uso de azúcar de caña, lo que adicionalmente rescataría esa parte del agro nacional; desde luego, sin abandonar ni dejar de considerar a los industriales de los alimentos envasados, que se tendrán que adaptar a nuevas condiciones. Urge tomar acciones concretas que, por supuesto, van a mejorar el panorama.
